2. ¿Pero mi cuerpo es mío, y hago con él lo que quiero? Ante esto surge una pregunta: ¿realmente quieres perjudicarte a ti mismo? El cuerpo forma parte de nosotros, no es algo exterior a uno: somos alma y cuerpo al mismo tiempo. Así, dañar al propio cuerpo es dañarse a sí mismo. El perjuicio para el cuerpo es perjuicio de la persona. El respeto y dignidad del cuerpo son respeto y dignidad para la persona.
3. El motivo principal para respetar el cuerpo es la gloria de Dios: quien respeta su cuerpo trata bien algo que Dios ha creado. Y al revés, quien desprecia su cuerpo ofende al Creador, pues descuida algo que Él aprecia. El Señor ama a cada persona y los daños a cada uno son ofensas a Dios.
4. ¿Conviene conceder al cuerpo todo lo que desea? No, no. Eso sería un deterioro serio para la persona:
- Muchas veces deseamos cosas equivocadas. Debemos distinguir si lo que apetece es realmente bueno o no.
- Quien se concede todos los gustos (placeres) se vuelve flojo y caprichoso. Para que la voluntad no se debilite ni sea esclava de las apetencias, conviene entrenarse a dominar el propio cuerpo.
- Muchas veces los sufrimientos físicos son un bien para el alma y para la persona, y por esto también son buenos para el cuerpo.
- Los sacrificios corporales sirven de penitencia por nuestros pecados, y son camino directo para seguir los pasos de Cristo en la Cruz.
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