viernes, 30 de julio de 2010

Benedicto XVI: "Los amigos de Jesús"

"Los amigos de Jesús", es el título del nuevo libro de Benedicto XVI, en el que el Papa cuenta al público infantil y juvenil la historia de los doce apóstoles y de San Pablo.

El volumen, de 48 páginas, ilustrado por el artista italiano Franco Vignazia y publicado por la editorial San Giuliano Milanese, recoge algunos pasajes de las catequesis de las audiencias generales de los miércoles, según informa el diario de la Santa Sede "L'Osservatore Romano".

El prólogo ha corrido a cargo del sacerdote español Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación.

"Érase una vez un pequeño grupo de hombres que un día, hace dos mil años, encontró a un joven que caminaba por los senderos de Galilea. Cada uno tenía su trabajo y su familia, pero en un instante sus vidas cambiaron. Se llamaban Andrés, Juan, Pedro, Mateo, Tomás... Eran doce y hoy los conocemos como los "apóstoles". En Jerusalén todos sabían que eran los amigos de Jesús. (...) Más tarde a ellos se unió San Pablo, (...) que de perseguidor de los cristianos pasó a ser el más grande testigo de Jesús", escribe don Carrón.

El sacerdote explica que con este libro, Benedicto XVI "nos toma de la mano" y nos acompaña a descubrir quiénes eran los primeros compañeros de Cristo, cómo lo encontraron y cómo fueron conquistados por Él, hasta decidir que no lo abandonarían jamás".

CIUDAD DEL VATICANO, 22 JUL 2010 (VIS)

jueves, 29 de julio de 2010

[Opus Dei] Camino

«Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y estas confidencias las escucha Dios».

Con estas palabras comienza Camino, el más conocido y popular de los libros de san Josemaría.

Esta obra, considerada por muchos autores como un clásico de la literatura espiritual, fue publicada en 1939. Era la reelaboración de “Consideraciones espirituales”, una publicación suya de años anteriores.

“Camino” consta de 999 puntos para la meditación personal. Aborda los diversos aspectos de la vida cristiana: carácter, apostolado, oración, trabajo, y virtudes.

Dice san Josemaría en la Introducción: «Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio».

En 1966, durante una entrevista en Le Figaro, el Autor resumió el proceso de elaboración de Camino: «Escribí en 1934 una buena parte de ese libro, resumiendo para todas las almas que trataba —del Opus Dei o no— mi experiencia sacerdotal. No sospeché que treinta años después alcanzaría una difusión tan amplia —millones de ejemplares— en tantos idiomas».

Aconsejaba leerlo «con un mínimo de espíritu sobrenatural, de vida interior y de afán apostólico. No es un código del hombre de acción. Pretende ser un libro que lleva a tratar y amar a Dios y a servir a todos».

Actualmente se han publicado más de 4 millones y medio de ejemplares en 43 lenguas.

>>>Leer el libro (www.escrivaobras.org). También lo puedes encontrar aquí: Camino

domingo, 18 de julio de 2010

Estudios sobre la Prelatura del Opus Dei

La prelatura del Opus Dei , erigida el 28 de noviembre de 1982 e inaugurada solemnemente el 19 de marzo de 1983, ha celebrado su XXV aniversario. Con esa ocasión, la Pontificia Università della Santa Croce promovió una serie de estudios sobre las principales temáticas jurídicas y teológicas relacionadas con el fenómeno pastoral del Opus Dei, con el deseo de que la reflexión pudiera verse enriquecida con las aportaciones científicas producidas durante estos cinco lustros.

La iniciativa acabó concretándose en una Jornada de estudio, celebrada en Roma, en la sede de esa Universidad, el 10 de marzo de 2008, presidida por el Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, que pronunció una conferencia sobre la figura jurídica prevista por San Josemaría para el Opus Dei. Intervinieron también en la Jornada los Cardenales Camillo Ruini, Vicario del Papa para la diócesis de Roma, y Julián Herranz, Presidente emérito del Consejo Pontificio para los textos Legislativos; Mons. Fernando Ocáriz, Vicario General de la prelatura del Opus Dei; y los profesores Giuseppe Dalla Torre, Rector de la Libera Università Maria SS. Assunta (LUMSA) de Roma; Paul O'Callaghan, Decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Università della Santa Croce y Eduardo Baura, Ordinario de la Facultad de Derecho canónico de la misma Universidad.

viernes, 16 de julio de 2010

[Opus Dei] Historia de un sí

Años atrás, Isabel, maestra, sindicalista de la USO, hija de republicano, de familia obrera, encontró una columna en el diario Mundo obrero con este título, más o menos: "Josemaría, un hombre incomprendido". A raíz de la aparición de Amigos de Dios, el periodista decía: "No se hizo justicia a la labor humanitaria que llevó a cabo Josemaría Escrivá de Balaguer, presentándolo como el que sólo busca a los más dotados de inteligencia o de buena posición económica, descuidando las capas sociales más pobres y necesitadas".

Esta noticia sorprendió a Isabel, pues la imagen que tenía del Opus Dei era precisamente la que criticaba el autor. Creativa, tenaz y resuelta, se puso a investigar. Leyó todas las obras publicadas de Josemaría Escrivá de Balaguer -menos La Abadesa de las Huelgas, porque "era mucha abadesa", dice con humor- y se convenció de la verdad del artículo. Sobre todo, cuando conoció los primeros años de San Josemaría en Madrid: con los niños de las barriadas, los enfermos del Hospital General y del Hospital del Rey, el patronato de las Damas Apostólicas... Y por el fruto posterior de esta actividad pastoral: las labores sociales en todos los países donde la Obra está presente.

El germen del libro
Como maestra, Isabel veía la necesidad de poner en manos de los niños buenas lecturas, que sirvieran de ejemplo para contrarrestar la marea de cómics y libros negativos para su formación. Deseaba "sembrar flores en la basura".

"La vida de San Josemaría está llena de valores espirituales y humanos: amor apasionado por Cristo y su Madre, amor apasionado por el bien de la persona. Es alegre, buen amigo, con genio –los santos, gracias a Dios, también tienen defectos–; es la vida de un niño, un joven, un adulto, cada página de cuya historia lleva la huella del amor y la fidelidad a la voluntad del Señor. Los niños", pensó, "tienen derecho a conocerla".

De nuevo empezó a releer, esta vez las biografías publicadas sobre San Josemaría. Pero ninguna era fácil para niños. "Los autores son muy sabios, pero el lenguaje no llega fácilmente a todos", pensaba.

Se dio cuenta de que una biografía como la que ella deseaba podría hacer mucho bien también a la gente sencilla. Y se puso a preparar un texto con unos esbozos, pensando que el Espíritu Santo le había soplado la idea a ella pero que la ejecutarían otros. Ella fue la primera sorprendida. "El verdadero autor del libro es el Espíritu Santo. Por eso esta biografía rompe todos los esquemas, pues una persona que no era ni es del Opus Dei escribe la primera biografía, con dibujos, del fundador de la Obra, dirigida a los niños y pensada para todas las edades".

Elaboró, pues, el primer texto, con esbozos de los posibles dibujos. "Me enganchaba. Todos los textos los escribí en el oratorio del centro de la Obra en Lleida. Por la noche, dibujaba en mi taburete. Era agotador, pero estaba muy contenta. Es un libro salido del sacrificio convertido en felicidad". Isabel lo tenía todo muy pensado: por ejemplo, dejó en el texto algunas palabras que son más complejas, a sabiendas de que los niños no las entenderían. "Lo hice con toda intención. Así, los pequeños acuden a sus padres para que estos les expliquen el significado de los términos y los padres acaban leyendo el libro".

Más adelante, se decidió a escribir a don Álvaro del Portillo, entonces Prelado del Opus Dei, y a enviarle el material. Así empezó una correspondencia sobre el proyecto que duró varios años. Después de escribir esa primera carta a don Álvaro, Isabel se sintió liberada: el Espíritu Santo le había soplado la idea, y ella ya la había transmitido. Don Álvaro sería el principal impulsor de la obra desde entonces.

Recibió puntualmente su respuesta. "Me senté por si acaso...", recuerda con humor. "El Prelado me contestaba con estas palabras: Rezo por este trabajo, del que el Señor –estoy seguro– se servirá para remover a un buen número de almas. Él vio el libro como lo veía yo, pero con más carisma y una gran visión de futuro. Me indicó que me pusiera en contacto con la sede del Opus Dei en España, en Madrid". Isabel viajó a la capital española y expuso el proyecto ante varias personas, que lo acogieron con entusiasmo. "Yo iba repitiendo: Dios se ha valido de mí para dar a luz el proyecto, ahora ustedes realícenlo". Sin embargo, un espontáneo respondió "Es usted quien ha tenido la idea, nosotros colaboraremos. Además, era voluntad de don Álvaro que yo llevara a término el trabajo".

Al regresar a Lleida, su ciudad, reelaboró y perfeccionó el proyecto y lo envió al vicepostulador de la Causa de Beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer "para su revisión y corrección, para no caer en ningún error referente al carisma del Opus Dei o a la Iglesia".
Vinieron un par de años de trabajo duro e idas y venidas: la reelaboración del texto, las gestiones para conseguir un ilustrador adecuado (Giorgio Del Lungo), las relaciones con la editorial (Rialp) y con la vicepostulación.... Cada novedad se la contaba Isabel a don Álvaro. En junio de 1993, por fin, don Álvaro le agradeció por carta a Isabel los dos ejemplares de Historia de un sí que acababa de recibir.

Mover a que se diga ‘sí’
Pienso que, desde el cielo, nuestro Fundador se habrá alegrado por esa obra y le recompensará con su poderosa ayuda. Además, intercederá eficazmente ante Dios, nuestro Señor, para que el texto y los dibujos de esas páginas sean un buen instrumento para remover las almas de las personas que las lean. Esto le escribía don Álvaro en 1993, y se ha cumplido.

Actualmente, hay ediciones de Historia de un sí en castellano, catalán, portugués, italiano, inglés, francés, alemán, holandés, polaco húngaro, chino (ediciones para Singapur y para Hong-Kong, Macao y Taiwán) y japonés. Sabe que Juan Pablo II recibió el ejemplar en polaco que le envió en el año 2003.

A través de las cartas que llegan a la editorial, Isabel constata la verdad de las palabras de don Álvaro. "El objetivo de la biografía era muy evidente: facilitar que, a partir de las respuestas afirmativas de San Josemaría a la voluntad de Dios, cada lector pueda hacer de su vida otra historia de un sí al amor, a Dios y a los demás".

En un colegio de Córdoba, por ejemplo, los alumnos de 11 y 12 años realizaron un trabajo de comprensión lectora con Historia de un sí. Sus conclusiones eran de lo más diverso: "Me ha parecido un libro que te hace comprender cómo creer en Dios. Y también, que cuando estés en un apuro escuches la Santa Misa, como cuando ellos estaban cruzando los Pirineos"; "el libro me ha hecho pensar muchas cosas. Yo creía que mi vida era dura, pero después de ver la vida de don Josemaría pienso que soy afortunado donde los haya"; "he aprendido el respeto que hay que guardar con los padres, la importancia de usar bien el dinero y, sobre todo, el amor que hay que tenerle al Señor".

En San Salvador (El Salvador) se publicó por entregas con el periódico dominical, con entrevistas a niños y niñas que explicaban cómo acudían al entonces Beato Josemaría para encomendarle sus problemas y rezar por sus familias y amigos.

La última noticia le ha llegado de una religiosa que vive y trabaja en un país africano. Le cuenta lo siguiente: "Estamos leyendo el libro de la vida de San Josemaría Escrivá, yo me lo leí en cuanto llegué a Guinea y tengo que decirte que no había leído nada de este santo y me llevé una grata impresión. Pienso que de pequeño le tocó sufrir mucho con la pérdida de sus hermanas y de su padre; si no hubiera sido un muchacho de mucha piedad y serenidad quizás habría reaccionado mal. Se ve cómo él siempre busca la voluntad de Dios, no quiere hacer la suya.

Este libro lo leemos en los ratos de Lengua Castellana en el internado. Las alumnas hacen un resumen de cada lectura y así a final de curso tendrán un librito que les servirá para recordar la vida de San Josemaría. También lo leen a ratos porque lo tengo en la biblioteca y por la noche después de cenar tienen un rato para lectura. Me dicen que les gusta mucho".

Las alumnas envían algunas cartas a Isabel. Le cuentan, por ejemplo, que algunas no han recibido todavía la primera comunión y les gusta leer el pasaje de cuando Josemaría recibió la Eucaristía por primera vez. De este modo, tanto el sí de San Josemaría como el sí de Isabel están dando fruto en la vida de niños de todo el mundo.

copiado de http://www.es.josemariaescriva.info

lunes, 12 de julio de 2010

La ética en el fútbol

Si el gol que Diego Armando Maradona metió con la mano a Inglaterra en el Mundial de México 1986 encabeza el ranking de las trampas cometidas en un partido de fútbol profesional, en el último Mundial, se han incorporado a esta lista otras acciones.

La primera, en la fase clasificatoria, el gol con la mano logrado por Thierry Henry, que permitió a Francia ir a Sudáfrica en detrimento de Irlanda; y la segunda, el comportamiento del portero de la selección alemana, Manuel Neuer, que después de ver cómo un balón lanzado por el jugador inglés Frank Lampard rebasaba la línea de gol, engaña al árbitro sacando de portería como si nada hubiera ocurrido.

A las dificultades propias del juego a las que debe enfrentarse un árbitro se suma la poca honradez de algunos jugadores que pretenden engañarle. Cuando estas acciones condicionan un resultado importante, la opinión pública vuelve a abrir el debate sobre si los jueces deportivos deberían recurrir a las imágenes de televisión para tomar algunas decisiones. Se reflexiona sobre cuál es la mejor manera de ayudar al árbitro a juzgar con mayor acierto –televisión, más asistentes, balones inteligentes, etc.–, pero nunca se discute ni se sanciona, salvo que se trate de una agresión física, el comportamiento poco honrado de algunos jugadores.

Así, el filósofo Peter Singer se muestra sorprendido cuando futbolistas como Henry o Neuer admiten abiertamente haber engañado al árbitro y rehúyen pedir perdón o asumir una responsabilidad que trasladan exclusivamente al juez en cuestión. “¿Por qué el hecho de que alguien pueda salirse con la suya ha de significar que no es culpable? Los jugadores no deben estar exentos de la crítica ética y de una sanción pertinente por lo que hacen en el campo, como tampoco lo están por engañar fuera: por ejemplo, tomando medicamentos que mejoren su rendimiento”, plantea Singer en su artículo “Is It Okay to Cheat in Football?”.

El ejemplo está en juego

Tanto la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) como otros organismos internacionales de naturaleza deportiva deberían centrarse más en impulsar los comportamientos honrados. El fair play de los jugadores es una de las mejores maneras de facilitar la labor de los árbitros. Las trampas o engaños deben ser rigurosamente sancionados, no sólo en el transcurso del partido cuando el juez los detecta, sino después, cuando la tecnología permite demostrar los que pasaron desapercibidos en el terreno de juego.

La repercusión mediática de un Mundial de Fútbol es tan grande que alcanza también a miles de niños que sueñan con emular en el futuro a sus ídolos deportivos. Por esa razón, la responsabilidad de un jugador no debe limitarse al juicio del árbitro. “El juego transciende en cierto sentido la vida cotidiana; pero, sobre todo en el niño, tiene aun antes otro carácter: es una ejercitación para la vida, simboliza la vida misma. Los jugadores pasan a ser símbolos de la propia vida. Eso mismo actúa retroactivamente sobre ellos: saben, en efecto, que las personas se ven representadas y confirmadas a sí mismas en ellos”, escribía sobre el Campeonato Mundial de Fútbol en 1985, el cardenal Joseph Ratzinger (1).

A lo largo de la historia del fútbol, en las ligas de los distintos países, también ha habido jugadores, entrenadores y equipos al completo que han puesto de manifiesto su honradez:

Arsène Wenger: El entrenador francés del Arsenal ofreció al Sheffield United F.C. repetir un partido, tras haber anotado Overmars el gol decisivo de su equipo después de que su compañero Kanu no devolviese el balón al rival, que lo había lanzado fuera del campo para permitir que un compañero recibiese tratamiento debido a una lesión.

Ajax de Amsterdam: En el transcurso de un partido, un jugador del Ajax quedó tendido en el campo y un adversario lanzó el balón fuera del terreno de juego para que pudieran atenderle. Una vez recuperado su compañero, otro jugador del equipo holandés golpeó el balón en dirección al portero contrario para que iniciara de nuevo el juego pero con tan mala fortuna que introdujo el balón en la portería. El árbitro concedió el gol pero el equipo holandés permitió que nada más sacar de centro un adversario empatara el partido sin obstáculo alguno.

Valter Birsa: El jugador del Auxerre francés simuló una agresión que provocó la expulsión inmediata de un jugador contrario del Marsella. Pasados unos segundos Birsa admitió al árbitro que el golpe no había sido tan grave y le permitió así rectificar dejando al jugador expulsado seguir en el terreno de juego.

Existen casos especiales como el del jugador italiano Paolo di Canio o el inglés Robbie Fowler. Conocido por su simpatía hacia la ideología fascista, Di Canio era capaz de parar el juego en medio de una ocasión de gol porque el portero del equipo contrario se había lesionado en un lance previo o de tirar de un empujón al árbitro por no estar de acuerdo con su expulsión. Por su parte, Fowler, jugador del Liverpool, admitió en el campo que no había sido penalti una entrada que le habían hecho, aunque el árbitro le obligó a lanzarlo, pero en otra ocasión celebró un gol simulando que aspiraba una raya del campo como respuesta a algunas personas que le habían acusado de consumir drogas.

Lamentablemente, los casos deshonestos adquieren una mayor repercusión. El propio Singer concluye: “¿Cómo habrían reaccionado los aficionados al fútbol, si Neuer hubiera parado el juego y hubiese dicho al árbitro que había sido gol? Neuer desaprovechó una oportunidad poco común de comportarse noblemente delante de millones de personas”. También la desperdiciaron Maradona y Henry y ahora son modelos... de pillería.

Por Álvaro Lucas de Aceprensa

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(1) “El juego y la vida: sobre el campeonato mundial de fútbol”. Texto publicado en 1985 como parte del libro Suchen, was droben ist (“Buscar lo de arriba”), de Joseph Ratzinger.

jueves, 8 de julio de 2010

Legislar contra la persona auténtica

Cuando los legisladores no tienen en cuenta la autenticidad de la persona humana, las leyes dañan a los ciudadanos y a la sociedad. Porque el hombre es un ser material, pero a la vez un ser vivo y, como tal, no autosuficiente, y por ello necesitado, capaz de tomar decisiones; y lo más importante, es capaz de ser movido por Dios, de recibir de él la fuerza vital, para tener recta conciencia. El hombre no puede contemplarse desde un punto de vista neutral, sino en su situación concreta de adhesión o de rechazo a Dios. Llamado a la comunión con él, es un ser «personal». No es sólo algo, sino alguien. No se pregunta sólo «qué» es, sino, sobre todo, «quién es». Teológicamente, en Jesucristo los hombres somos un «tú» para Dios. En la llamada de Dios a la comunión con Él en Cristo llega a plenitud nuestro ser personal, que determina a la vez nuestra irrepetibilidad y nuestro ser en relación con Dios y con el prójimo.En la teología moderna se insiste en que el hombre no «tiene» un alma y un cuerpo, sino que «es» alma y cuerpo. Por ser cuerpo existe en el espacio y en el tiempo, está abocado a la muerte. Pero, por ser alma, trasciende los condicionamientos de este mundo, es inmortal y todo esto tiene sentido, porque el hombre es ser para Dios, está referido a él radicalmente. Todo esto se niega en el «laicismo» oficial. La fe cristiana mantiene esta concepción como algo irrenunciable, porque sólo así puede tener sentido el hombre creado a imagen de Dios, llamado a la comunión con Dios en Cristo y a la configuración con Jesucristo.

Cardenal Ricard Mª CARLES en larazon.es

martes, 6 de julio de 2010

La nueva Ley del Aborto se aplica desde este lunes 5 de julio

Es una noticia dolorosa, ya un hecho, que nos invita a rezar y a hacer todo lo posible parar cambiar la situación. Os dejo un documento que trata la postura de la Iglesia Católica sobre el aborto.

¿Qué entiende la Iglesia por aborto?
La Iglesia Católica entiende por aborto la muerte provocada del feto, realizada por cualquier método y en cualquier momento del embarazo desde el instante mismo de la concepción. Así ha sido declarado el 23 de mayo de 1 988 por la Comisión para la Interpretación Auténtica del Código de Derecho Canónico.

La cuestión del aborto provocado, ¿es sólo un problema científico, político o social?
Ciertamente, no. Esta cuestión es, desde luego, un problema científico, político y social grave. Pero también es, y en gran medida, un serio problema moral para cualquiera, sea o no creyente.

¿Tenemos los católicos obligaciones adicionales acerca de la cuestión del aborto, respecto de los no católicos o no creyentes?
Todo hombre y toda mujer, si no quieren negar la realidad de las cosas y defienden la vida y la dignidad humanas, han de procurar por todos los medios lícitos a su alcance que las leyes no permitan la muerte violenta de seres inocentes e indefensos. Pero los cristianos, entre los que nos contamos los católicos, sabemos que la dignidad de la persona humana tiene su más profundo fundamento en el hecho de ser hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, que quiso ser hombre por amor a todos y cada uno de nosotros.
Por eso los católicos, si vivimos nuestra fe, valoramos en toda su dimensión el drama terrible del aborto como un atentado contra esta dignidad sagrada. Más que de obligaciones adicionales, pues, habría que hablar de una más profunda y plena comprensión del valor de la persona humana, gracias a nuestra fe, como fundamento para nuestra actitud en favor de la vida, ya que sabemos que el olvido de Dios lleva con más facilidad al olvido de la dignidad humana.

Como católica, ¿en qué incurre una persona que realiza o consiente que le realicen un aborto?
Quien consiente y deliberadamente practica un aborto, acepta que se lo practiquen o presta una colaboración indispensable a su realización, incurre en una culpa moral y en una pena canónica, es decir, comete un pecado y un delito.

¿En qué consiste la culpa moral?
La culpa moral es un pecado grave contra el valor sagrado de la vida humana. El quinto Mandamiento ordena no matar. Es un pecado excepcionalmente grave, porque la víctima es inocente e indefensa y su muerte es causada precisamente por quienes tienen una especial obligación de velar por su vida.
Además, hay que tener en cuenta que al niño abortado se le priva del Sacramento del Bautismo.

¿Qué es una pena canónica?
La pena canónica es una sanción que la Iglesia impone a algunas conductas particularmente relevantes, y que está establecida en el Código de Derecho Canónico, vigente para todos los católicos.

¿En qué pena canónica incurre quien procura un aborto?
El que procura un aborto, si sabe que la Iglesia lo castiga de este modo riguroso, queda excomulgado. El Canon 1398 dice: "Quien procura un aborto, si éste se produce, incurre en excomunión Latae sententiae"
Por otra parte, el Canon 1041 establece que el que procura un aborto, si éste se consuma, así como los que hayan cooperado positivamente, incurre en irregularidad, que es el impedimento perpetuo para recibir órdenes sagradas.

¿Qué quiere decir incurrir en excomunión?
Significa que un católico queda privado de recibir los Sacramentos mientras no le sea levantada la pena: no se puede confesar válidamente, no puede acercarse a comulgar, no se puede casar por la Iglesia, etc. El excomulgado queda también privado de desempeñar cargos en la organización de la Iglesia.

¿Qué quiere decir que una excomunión es Latae sententiae?
Con esta expresión se quiere decir que el que incurre en ella queda excomulgado automáticamente, sin necesidad de que ninguna autoridad de la Iglesia lo declare para su caso concreto de manera expresa.

¿Significa algo especial la frase "si éste -el aborto- se produce"?
Sí. Quiere decir que, para que se produzca la pena de excomunión, el aborto debe consumarse, es decir, el hijo ha de morir como consecuencia del aborto. Si, por cualquier circunstancia, el aborto no llega a consumarse, no se producirá la excomunión, aunque se dará el pecado.

En el caso del aborto, ¿quiénes incurren en la pena de excomunión?
Si se dan las condiciones que configuran la pena de excomunión, en este caso quedan excomulgados, además de la mujer que aborta voluntariamente, todos los que han prestado colaboración indispensable a que se cometa el aborto: quienes lo practican, quienes los ayudan de modo que sin esa ayuda no se hubiera producido el aborto, etc.

¿Qué razón de ser tiene que el aborto está condenado por una pena canónica tan grave como es la excomunión?
La razón de ser de esta norma es proteger -también de esta manera, no sólo con la catequesis y la recta formación de la conciencia- la vida del hijo desde el instante mismo de la concepción, porque la Iglesia se da cuenta de que la frágil vida de los hijos en el seno materno depende decisivamente de la actitud de los más cercanos, que son, además, quienes tienen más directa y especial obligación de protegerla: padres, médico, etc. Luego, cuando el niño nazca, estará ya además protegido de alguna manera por la sociedad misma.
La Iglesia ha entendido siempre que el aborto provocado es uno de los peores crímenes desde el punto de vista moral. El Concilio Vaticano II dice a este respecto: "Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de proteger la vida, que se ha de llevar a cabo de un modo digno del hombre. Por ello, la vida ya concebida ha de ser salvaguardada con extremados cuidados; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables" (Const. "Gaudium et Spes").

Pero ya que en los últimos años cada vez hay más Estados que permiten el aborto, ¿no habría sido un gesto de benevolencia de la Iglesia el haber mitigado las penas para los católicos que aborten?
La Iglesia pudo haber cambiado, en la última y profunda revisión del Código de Derecho Canónico culminada en 1983, la pena de excomunión que pesa sobre los que procuran conscientemente un aborto, pero no lo hizo así precisamente porque en las últimas décadas se ha producido en todo el mundo una acusada relajación de la sensibilidad de las gentes (y también de muchos creyentes) hacia este crimen. Y si bien esta mayor laxitud social, que ejerce una presión cierta sobre las conciencias, puede disminuir la gravedad del delito en algunos casos, una atenuación de la pena habría suscitado, inevitablemente, la errónea idea de que la Iglesia considera hoy el aborto provocado como menos grave que antes, cuando, evidentemente, no es así.
La Iglesia es Madre y Maestra; como Madre, es lenta para la ira y fácil para el perdón, pero como Maestra no puede desvirtuar el depósito de la doctrina legado por Dios, y no puede decir que está bien lo que está mal, ni puede dar pie a que nadie suponga que actúa de esta manera.

¿Puede suceder que alguna persona consienta o colabore en un aborto y no incurra en excomunión?
Sí. Dado que en Derecho Canónico no existe delito si no hay pecado grave, hay circunstancias en las que no se incurre en esta pena, que requiere plena imputabilidad. Por ejemplo, no quedan excomulgados los que procuran un aborto si ignoran que se castiga con la excomunión; los que no tengan conciencia de que abortar voluntariamente es pecado mortal; los que han intervenido en un aborto forzados con violencia irresistible contra su voluntad o por miedo grave; los menores de edad...; en general, los que han obrado sin plena advertencia y pleno consentimiento.

En el caso de que un médico (o un anestesista o una enfermera), por no estar dispuesto a realizar este tipo de intervenciones, fuese despedido y padecieran necesidad él y su familia, ¿podría colaborar?
Nunca se puede colaborar de modo positivo en la comisión de un acto que va contra la ley de Dios, que hay que obedecer antes que a la ley de los hombres. El católico que se halla en esta situación tiene la obligación grave de ampararse en el derecho a la objeción de conciencia, aunque esta actitud pueda acarrearle represalias.
El profesional sanitario cristiano ha de tener presente, además, que si es conocida su condición de creyente puede provocar un grave escándalo si colabora a la práctica de abortos.
Si los familiares de ese profesional son también cristianos, tienen la responsabilidad humana y moral de ayudarle a sobrellevar las dificultades, apoyarle en sus decisiones y hacer causa común con él en esos momentos de tribulación. Y esta responsabilidad alcanza también a sus amigos y colegas, si son cristianos y quieren vivir auténticamente su fe, así como a los miembros de la comunidad católica en que el profesional sanitario se desenvuelva.

¿Y qué ha de hacer el resto de las personas que trabajan en un hospital donde se practican habitualmente abortos?
Esas personas han de poner todos los medios lícitos a su alcance para que se dejen de practicar abortos. En cualquier caso, han de negar su colaboración directa a esas acciones.

¿No es la doctrina católica sobre el aborto una dura doctrina, que muy pocos podrán seguir?
Casi con estas mismas palabras replicaron los contemporáneos de Jesús cuando oyeren su predicación. Y el mismo Jesús nos dijo que hay que seguir el sendero estrecho para llegar al Reino de los Cielos. Seguir a Cristo en Su Iglesia no es fácil, pero con la Gracia de Dios se allana el camino y se superan las dificultades, por grandes que parezcan. También nos dijo Jesús que fuéramos a Él con confianza, y Él nos aliviaría de nuestras angustias.
La doctrina católica sobre el aborto no proviene de la voluntad de la autoridad eclesiástica, sino que está fundamentada en lo más profundo de la naturaleza de las cosas queridas por Dios, que se expresa en la Ley que Él nos ha dado a conocer, y que la Iglesia tiene la misión de transmitir. Pero la Iglesia cumple también con su deber siendo el ámbito en que los cristianos pueden fortalecer mejor su fe y ser ayudados y estimulados a vivir más intensamente su vida cristiana.

¿Cómo puede levantarse una excomunión, tras haber colaborado en un aborto consumado?
Si un católico se encuentra en esta situación, debe acudir al obispo o al sacerdote en quien éste delegue. En la práctica, puede dirigirse a cualquier sacerdote, que le indicará lo que debe hacer.

¿Tienen los católicos, además de la obligación grave de no colaborar en ningún aborto provocado, otras obligaciones en esta materia?
Todos los católicos estamos llamados a una vida plena, es decir, a la santidad, y a contribuir activamente a la extensión del Reino de Dios en la tierra llevando el Evangelio hasta el último rincón del mundo. Si todo miembro responsable de una sociedad que se proclama civilizada tiene el deber de defender la vida y la dignidad humanas, por muchas más razones los católicos hemos de asumir esta tarea.

¿Cómo se puede hacer esto, en el caso del aborto?
El lograr que en una sociedad se respete el derecho a la vida es responsabilidad de todos en su actividad cotidiana, pues todos, con el ejemplo de su conducta, sus palabras, sus escritos, sus opiniones, su voto, la educación de sus hijos, etc., influyen en lo que se piensa, en cómo se vive Y en lo que se legisla.
Ciertamente, un papel importante corresponde a políticos, educadores y responsables de medios de Comunicación social, por la repercusión que sus palabras o sus acciones tienen en la colectividad; pero ellos, al tiempo que influyen sobre la sociedad, son influidos a su vez también por ella.

¿Qué puede hacer para influir en esta materia un cristiano corriente, un ciudadano normal que ni sale en la televisión, ni habla desde una cátedra o una tribuna pública?
Lo primero que cada uno puede y debe hacer para afirmar la vida es vivir con la conciencia de su dignidad. Sólo afirmaremos la vida de otros si nosotros percibimos la nuestra en toda su grandeza y si nuestra conducta es coherente con nuestra convicción. El ejemplo de Jesús, tomando en serio a cada una de las personas que se encontraba, debe servirnos para que todos los que se crucen en nuestra vida se sientan valorados y tenidos en cuenta como seres únicos. Una afirmación así de la vida personal en nuestras experiencias cotidianas hará posible que surja, naturalmente, la estima por todos y cada uno de los seres humanos, también los concebidos y no nacidos. Pero junto a esta actitud general, caben muchas maneras concretas de trabajar específicamente en favor de la vida:
  • Rogando al Señor por los legisladores y los dirigentes sociales en general, para que sepan comprender que los hijos concebidos y no nacidos son los más inocentes y los más indefensos miembros de, nuestra sociedad, y que, como ha dicho repetidamente el Papa Juan Pablo li, nunca se puede legitimar la muerte de un inocente.
  • No despreciando el valor moral del dolor y del sacrificio, cuyo rechazo lleva a justificar cualquier intento de acabar con lo que se cree que son sus causas, incluidos los ancianos o enfermos inútiles, los deficientes que son una carga o los nuevos hijos que pueden complicar la vida o disminuir el bienestar de la familia.
  • Acogiendo y ayudando, también económicamente, a quienes, por razón de su maternidad, se encuentran en situaciones difíciles.
  • Recibiendo con alegría, por duro que pueda ser, al nuevo hijo enfermo o deficiente que llegue a la familia, como una bendición de Dios. Es ejemplar el testimonio de numerosísimos padres cristianos en este sentido.
  • Reaccionando positivamente ante escritos públicos o programas audiovisuales que defiendan la vida humana, y críticamente ante los que la ataquen.
  • Orientando el voto hacia las alternativas que merezcan más confianza por sus actitudes ante la vida en general, y ante la cuestión del aborto provocado en particular.
  • Informando a quienes nos rodean, con caridad, pero con firmeza y claridad, de la realidad del hijo no nacido y de la importancia de defender su derecho a vivir.
  • Los médicos, en especial los ginecólogos, y otros profesionales sanitarios, empleando los medios técnicos que permiten que una madre vea en una ecografía, con sus propios ojos, al hijo en sus entrañas, moviéndose, nadando, chupándose el dedo. Se ha dicho que si el vientre de las madres fuera transparente, muchos verían la cuestión del aborto provocado de otra manera.
Son sólo algunos ejemplos que puedan dar idea del enorme campo que un cristiano tiene ante sí en relación con este gravísimo problema.

¿Es razonable pensar que un día la vida y la dignidad humanas se respetarán desde la concepción hasta la muerte?
No es posible contestar rotundamente a esta cuestión, pero hacia este objetivo deben encaminarse los esfuerzos de todos los que aspiran a un mundo justo. Las agresiones a la vida humana, especialmente de los inocentes, han tenido siempre en la historia consecuencias dramáticas. Los cristianos sabemos que cuando las personas y las colectividades han reconocido a Jesucristo, este reconocimiento ha supuesto una afirmación de la vida sin parangón con cualquier otra cultura. Por eso debemos empeñarnos en la extensión de la presencia de Cristo en la sociedad, porque de este modo los hombres reconocerán su propia grandeza y podrán vivir con una nueva conciencia propia dignidad. Con el auxilio de Jesús y de su madre, que lo concibió en su seno, y con el ejemplo nuestra propia vida, será posible trabajar mejor en defensa de este ideal.

Fuente: "EL ABORTO"
100 CUESTIONES Y RESPUESTAS SOBRE LA DEFENSA DE LA VIDA HUMANA
Y LA ACTITUD DE LOS CATÓLICOS
Conferencia Episcopal Española
Comité para la Defensa de la Vida
Madrid, 25 de marzo de 1991