sábado, 7 de agosto de 2010
Aprendiendo a vivir
lunes, 12 de julio de 2010
La ética en el fútbol
Si el gol que Diego Armando Maradona metió con la mano a Inglaterra en el Mundial de México 1986 encabeza el ranking de las trampas cometidas en un partido de fútbol profesional, en el último Mundial, se han incorporado a esta lista otras acciones.
La primera, en la fase clasificatoria, el gol con la mano logrado por Thierry Henry, que permitió a Francia ir a Sudáfrica en detrimento de Irlanda; y la segunda, el comportamiento del portero de la selección alemana, Manuel Neuer, que después de ver cómo un balón lanzado por el jugador inglés Frank Lampard rebasaba la línea de gol, engaña al árbitro sacando de portería como si nada hubiera ocurrido.
A las dificultades propias del juego a las que debe enfrentarse un árbitro se suma la poca honradez de algunos jugadores que pretenden engañarle. Cuando estas acciones condicionan un resultado importante, la opinión pública vuelve a abrir el debate sobre si los jueces deportivos deberían recurrir a las imágenes de televisión para tomar algunas decisiones. Se reflexiona sobre cuál es la mejor manera de ayudar al árbitro a juzgar con mayor acierto –televisión, más asistentes, balones inteligentes, etc.–, pero nunca se discute ni se sanciona, salvo que se trate de una agresión física, el comportamiento poco honrado de algunos jugadores.
Así, el filósofo Peter Singer se muestra sorprendido cuando futbolistas como Henry o Neuer admiten abiertamente haber engañado al árbitro y rehúyen pedir perdón o asumir una responsabilidad que trasladan exclusivamente al juez en cuestión. “¿Por qué el hecho de que alguien pueda salirse con la suya ha de significar que no es culpable? Los jugadores no deben estar exentos de la crítica ética y de una sanción pertinente por lo que hacen en el campo, como tampoco lo están por engañar fuera: por ejemplo, tomando medicamentos que mejoren su rendimiento”, plantea Singer en su artículo “Is It Okay to Cheat in Football?”.
El ejemplo está en juego
Tanto la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) como otros organismos internacionales de naturaleza deportiva deberían centrarse más en impulsar los comportamientos honrados. El fair play de los jugadores es una de las mejores maneras de facilitar la labor de los árbitros. Las trampas o engaños deben ser rigurosamente sancionados, no sólo en el transcurso del partido cuando el juez los detecta, sino después, cuando la tecnología permite demostrar los que pasaron desapercibidos en el terreno de juego.
La repercusión mediática de un Mundial de Fútbol es tan grande que alcanza también a miles de niños que sueñan con emular en el futuro a sus ídolos deportivos. Por esa razón, la responsabilidad de un jugador no debe limitarse al juicio del árbitro. “El juego transciende en cierto sentido la vida cotidiana; pero, sobre todo en el niño, tiene aun antes otro carácter: es una ejercitación para la vida, simboliza la vida misma. Los jugadores pasan a ser símbolos de la propia vida. Eso mismo actúa retroactivamente sobre ellos: saben, en efecto, que las personas se ven representadas y confirmadas a sí mismas en ellos”, escribía sobre el Campeonato Mundial de Fútbol en 1985, el cardenal Joseph Ratzinger (1).
A lo largo de la historia del fútbol, en las ligas de los distintos países, también ha habido jugadores, entrenadores y equipos al completo que han puesto de manifiesto su honradez:
Arsène Wenger: El entrenador francés del Arsenal ofreció al Sheffield United F.C. repetir un partido, tras haber anotado Overmars el gol decisivo de su equipo después de que su compañero Kanu no devolviese el balón al rival, que lo había lanzado fuera del campo para permitir que un compañero recibiese tratamiento debido a una lesión.
Ajax de Amsterdam: En el transcurso de un partido, un jugador del Ajax quedó tendido en el campo y un adversario lanzó el balón fuera del terreno de juego para que pudieran atenderle. Una vez recuperado su compañero, otro jugador del equipo holandés golpeó el balón en dirección al portero contrario para que iniciara de nuevo el juego pero con tan mala fortuna que introdujo el balón en la portería. El árbitro concedió el gol pero el equipo holandés permitió que nada más sacar de centro un adversario empatara el partido sin obstáculo alguno.
Valter Birsa: El jugador del Auxerre francés simuló una agresión que provocó la expulsión inmediata de un jugador contrario del Marsella. Pasados unos segundos Birsa admitió al árbitro que el golpe no había sido tan grave y le permitió así rectificar dejando al jugador expulsado seguir en el terreno de juego.
Existen casos especiales como el del jugador italiano Paolo di Canio o el inglés Robbie Fowler. Conocido por su simpatía hacia la ideología fascista, Di Canio era capaz de parar el juego en medio de una ocasión de gol porque el portero del equipo contrario se había lesionado en un lance previo o de tirar de un empujón al árbitro por no estar de acuerdo con su expulsión. Por su parte, Fowler, jugador del Liverpool, admitió en el campo que no había sido penalti una entrada que le habían hecho, aunque el árbitro le obligó a lanzarlo, pero en otra ocasión celebró un gol simulando que aspiraba una raya del campo como respuesta a algunas personas que le habían acusado de consumir drogas.
Lamentablemente, los casos deshonestos adquieren una mayor repercusión. El propio Singer concluye: “¿Cómo habrían reaccionado los aficionados al fútbol, si Neuer hubiera parado el juego y hubiese dicho al árbitro que había sido gol? Neuer desaprovechó una oportunidad poco común de comportarse noblemente delante de millones de personas”. También la desperdiciaron Maradona y Henry y ahora son modelos... de pillería.
Por Álvaro Lucas de Aceprensa
___________________(1) “El juego y la vida: sobre el campeonato mundial de fútbol”. Texto publicado en 1985 como parte del libro Suchen, was droben ist (“Buscar lo de arriba”), de Joseph Ratzinger.
jueves, 8 de julio de 2010
Legislar contra la persona auténtica

sábado, 3 de abril de 2010
[Opus Dei] Religiones e ideologías
[Opus Dei] Practicar la Fe
[Opus Dei] El Bigbang
- A. El big bang.
- B. Un plan muy preciso.
- C. Estrellas
2. ¿Cómo fueron los primeros minutos después del big bang? Enseguida surgieron quarks, electrones y fotones. Luego protones y neutrones. Estamos a billones de grados y a 10.000 millonésimas de segundo después del big bang. A los tres minutos del big bang, la temperatura baja a mil millones de grados y se forman los núcleos de hidrógeno pesado y helio. La expansión continúa (actualmente el universo sigue expandiéndose).
3. Hidrógeno, helio y luz.- 300.000 años después del big bang, la temperatura desciende a 5727° y el universo es mil veces más pequeño que el actual. Entonces se forman los átomos de hidrógeno y helio. Se separa la luz de la materia y el universo se vuelve transparente. (Esta luz intensísima se detecta hoy como radiación cósmica de fondo).
4. ¿Estrellas y planetas? Mil millones de años después del big bang y a 255° bajo cero surgen las estrellas a partir del hidrógeno. En las estrellas se formaron los demás elementos químicos: carbono, oxígeno, neón, etc. Algunas estrellas de gran masa estallaron, y esparcieron esos elementos en masas ardientes que originaron los planetas.
5. ¿Que edad tiene el universo actual? Actualmente estamos a unos 15.000 millones de años del big bang y a 270° bajo cero.
B. UN PLAN MUY PRECISO
1. ¿Una explosión bien calculada? El big bang fue una explosión calculada con gran precisión. Una trillonésima de energía mayor o menor habría destruido el universo que empezaba a formarse.
- Si la expansión hubiera sido más lenta, la fuerza de la gravedad habría vencido y se habría producido una implosión al juntarse todo de nuevo.
- Si la expansión hubiera sido más rápida, la materia cósmica se habría dispersado completamente y no se habrían formado galaxias.
- Actualmente el universo continúa expandiéndose, justo a la velocidad precisa para que no se produzca un desastre.
4. Los quarks son precisamente así.- Entre las primeras partículas que surgieron están los quarks u y d. Con ellos se formaron los protones y neutrones. Los protones tienen dos quarks u y uno d. Los neutrones tienen dos quarks d y uno u. Los quarks u tienen una carga eléctrica de + 2/3. Los quarks d tienen una carga eléctrica de -1/3. De este modo tan preciso surgieron los protones con carga +1, y los neutrones con carga 0.
5. Nacen los átomos.- Instantes después del big bang, la fuerza nuclear fuerte unió los quarks u y d para formar protones y neutrones, el núcleo de los átomos. La fuerza electromagnética enlazó los protones y electrones, que tenían precisamente la misma carga eléctrica, y así el átomo fue estable. Las partículas que lo forman y las fuerzas que las unen fueron precisamente las idóneas que se necesitaban para obtener este resultado.
6. Estabilidad del neutrón.- Los neutrones libres son inestables y se desintegran en quince minutos, -dando un protón, un electrón y un antineutrino-. En cambio dentro del núcleo, los neutrones son completamente estables. A los tres minutos del big bang se formaron núcleos de hidrógeno pesado y helio. Y de este modo no desaparecieron los neutrones.
7. La masa del neutrón.- El neutrón resultó un poquito más pesado que el protón. Si hubiera sido al revés, los protones serían los inestables y por tanto los átomos de hidrógeno también. Y sin hidrógeno no habría estrellas ni sol.
8. Y giraron y giraron.- Los electrones se pusieron a girar alrededor de los núcleos y esto evitó que chocaran con el núcleo atraídos por la fuerza electromagnética. Igualmente, la luna gira alrededor de la tierra y ésta alrededor del sol igualando así la atracción gravitatoria con la fuerza centrífuga. Estos giros continuos evitan el colapso del universo.
C. ESTRELLAS
1. ¿Cómo nacen las estrellas?.- En unas nubes de hidrógeno se producen compresiones por gravedad y se alcanza el millón de grados. A esta temperatura se unen los núcleos de hidrógeno pesado liberando energía hasta llegar a los 10 millones de grados. Con esta temperatura se unen los núcleos de hidrógeno liberando energía que ilumina la estrella.
- Si sólo se quemará hidrógeno pesado, la combustión sería una velocidad explosiva (bombas H).
- Si no hubiera hidrógeno pesado, no empezaría a fusionarse el hidrógeno normal. Esta proporción precisa de ambos hidrógenos hace que las estrellas y el sol existan.
- Dos núcleos de hidrógeno al fusionarse originan helio desprendiendo gran energía que enciende la estrella.
- Dos núcleos de helio se unen dando berilio. Pero precisamente el berilio es inestable y se descompone enseguida. Sin embargo tiene tiempo de recibir un tercer núcleo de helio y entonces se origina el carbono que es estable y las fuerzas nucleares tienden a formarlo.
- A su vez el carbono con un núcleo de helio forma el oxígeno; pero todo el carbono no desaparece pues el núcleo de oxígeno no facilita tanto su formación. De este modo hay un equilibrio muy preciso que permite la formación de carbono y oxígeno imprescindibles en la vida terrestre.
- El big bang y su desarrollo posterior estuvo calculado con enorme precisión.
- El universo originado por el big bang es imposible que haya surgido por casualidad. Completamente imposible.
- No se necesita fe para asegurar que Dios Creador es eterno, sabio, poderoso, y cuida mucho de los hombres. Eterno, pues alguien eterno tuvo que iniciar el big bang. Sabio, porque el proceso posterior al big bang está cuidadosamente pensado. Poderoso y que cuida del hombre, por motivos obvios al ver con qué precisión y fuerza dirigió la expansión del universo.
miércoles, 31 de marzo de 2010
[Opus Dei] La ONU promoverá la “igualdad de género”
Aunque no se enteró mucha gente, del 1 al 12 de marzo tuvo lugar en Nueva York la cumbre “Pekín +15”. O sea, la Comisión de la ONU sobre el Estatuto de las Mujeres se reunió con delegadas y activistas de los distintos países. El objetivo era revisar el grado de cumplimiento de la Declaración y la Plataforma de Acción adoptadas en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (Pekín, 1995). El resultado más tangible es que la burocracia de la ONU contará con una nueva agencia, dedicada a la “igualdad de género”.
La denominación “Pekín +15” delata que la Conferencia Mundial sobre la Mujer ha dejado de ser decenal –después de dejar de ser quinquenal tras la tercera (Nairobi, 1985)–; en el mismo caso está la de Población, que no se ha repetido después de El Cairo (1994). Una cumbre de seguimiento no puede despertar tanto interés como la “de verdad”; pero la atención prestada esta vez por los medios ha sido especialmente escasa.
Hace 15 años, la Plataforma de Acción de Pekín hizo un llamamiento a los gobiernos para que centraran sus esfuerzos de promoción de las mujeres en una serie de áreas críticas: la feminización de la pobreza; el acceso a la educación; la violencia contra la mujer; la exclusión de la toma de decisiones; los derechos humanos de la mujer; etc.
Estas líneas estratégicas son tan amplias que no resulta sencillo averiguar si la situación de las mujeres mejora o empeora. El diagnóstico se complica todavía más si se tiene en cuenta que la Comisión de la ONU debía realizar este análisis a la luz de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, otra declaración no exenta de vaguedades.
El resultado es un informe de 106 páginas en el que se reseñan los logros alcanzados en algunos países, a la vez que se muestra lo que resta por hacer. Hasta aquí, todo muy previsible.
En la práctica, lo más interesante de este tipo de encuentros suelen ser los documentos adoptados. No sólo porque marcan las líneas de trabajo para los próximos meses, sino también porque indica a dónde irá a parar el dinero de los gobiernos.
Tras varios días de tira y afloja, la comisión aprobó siete resoluciones. Casi todas pretenden atajar problemas específicos como la mutilación genital femenina, los secuestros de mujeres y niñas en conflictos bélicos, la mortalidad materna o la situación de las mujeres palestinas.
La agencia de género
Una de las resoluciones más controvertidas es la que crea, dentro de Naciones Unidas, una agencia para impulsar la “igualdad de género”. Según el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, se trata de “un nuevo órgano que se enmarca dentro de la nueva arquitectura en política de género que está llevando a cabo Naciones Unidas para cumplir su objetivo de potenciar el papel de las mujeres en el mundo”.
El que se cree una agencia para promover las políticas de igualdad de las mujeres no es ninguna novedad. De hecho, en la ONU ya había cuatro oficinas destinadas a este fin; precisamente, el nuevo organismo nace para reemplazar a las ya existentes.
Lo que resulta más inquietante es el concepto de “igualdad de género” al que va unido la agencia. Junto a reivindicaciones muy plausibles, este concepto abarca cuestiones tan discutibles como los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres; categoría inventada para promover el aborto.
Así lo puso de manifiesto en su discurso ante la comisión Mary Ann Dantuono, miembro de la delegación de la Santa Sede. Tras recordar las principales formas de abuso que sufren hoy las mujeres, denunció el uso ideológico del concepto de “igualdad de género” que se viene haciendo en algunos organismos internacionales desde las cumbres de El Cairo y Pekín.
“En algunos documentos oficiales recientes encontramos interpretaciones del término género que desdibujan la especificidad y la complementariedad entre hombres y mujeres. Aunque estas teorías no van a cambiar la naturaleza de las cosas, en la práctica están minando cualquier avance serio en el reconocimiento de la dignidad y los derechos de las mujeres”.
Llama la atención, añadió Dantuono, la correlación que establecen casi todos los documentos y resoluciones internacionales entre “el logro de los derechos personales, sociales, económicos y políticos, de un lado, y la noción de salud sexual y reproductiva, contraria a la vida del no nacido y a las necesidades esenciales de las mujeres y de los hombres, de otro”.
Dantuono puso como ejemplo la estrategia para reducir la mortalidad materna, cuyo incremento se atribuye a menudo a la prohibición del aborto. “Una solución respetuosa con la dignidad de la mujer no puede llevarnos a pasar por alto su derecho a la maternidad. Más bien, nos compromete a promoverlo a través de la inversión y la mejora de los sistemas sanitarios locales y de la provisión de los servicios obstétricos básicos”.
Fuente: aceprensa
domingo, 28 de marzo de 2010
Verdadero feminismo
Hay que reivindicar que la actividad profesional se adapte a nuestra condición femenina y no al revés.
En la lucha por la igualdad entre los sexos, las mujeres asumimos de forma espontánea que los roles masculinos eran los justos y dignos de imitación. Ocultamos nuestros sentimientos por temor a ser tachadas de débiles, intentamos ser frías y competitivas y adoptamos un aspecto varonil. Sacrificamos nuestra alma femenina a cambio de ser aceptadas en el universo masculino y nos traicionamos a nosotras mismas, renunciando a la feminidad que nos es consustancial.
Recordemos cómo Concepción Arenal, a mediados del XIX, accedió a las aulas de Derecho de la Complutense bajo ropajes de caballero, para colmar su interés por esta licenciatura. O cómo Clara Campoamor, en 1931, para lograr el derecho al sufragio femenino, renunció a su condición de mujer: «Señores Diputados: yo, antes que mujer, soy ciudadano».
El feminismo igualitarista y la ideología de género han logrado que la sociedad asuma la idea de que trabajar en casa, ser buena esposa y madre, es atentatorio contra la dignidad de la mujer; algo humillante, que la degrada, esclaviza e impide desarrollarse en plenitud. Para ser una mujer moderna, es preciso liberarse del yugo de la feminidad, en especial, de la maternidad, entendida como un signo de represión y subordinación: la tiranía de la procreación.
Esta ideología, implantada en las más altas instancias políticas, ha provocado el desprestigio de las mujeres que trabajan en su casa o cuidan de sus vástagos, que resultan estigmatizadas; frente a aquellas que renuncian a la maternidad o al cuidado personalizado de sus hijos para «realizarse» profesionalmente, consideradas heroínas liberadas y estereotipos de la emancipación. Esta estereotipificación inversa, favorecida por la actitud de algunas líderes políticas, distorsiona la imagen real de las mujeres y perjudica la vida familiar, pues favorece la organización laboral como si las obligaciones familiares no existieran.
Lejos del mundo idealizado de las imágenes estereotipadas de mujeres hiperliberadas que gozan exultantes de su pletórica vida profesional, en la vida real, nos encontramos con demasiadas mujeres que, a pesar de su rotundo éxito profesional, se sienten personalmente frustradas e insatisfechas, cansadas de imitar los modos de actuar masculinos, atadas a unos roles que no les pertenecen y que no encajan en su esencia más profunda. Mujeres que han demostrado sobradamente que son tan capaces como cualquier varón de trabajar con brillantez y eficacia, a las que su naturaleza, rechazada y reprimida, luego se hace valer en forma de depresión, ansiedad e infelicidad. Ha llegado el momento de reivindicar que la actividad profesional se adapte a nuestra condición femenina y no al revés. El nuevo feminismo defiende un reconocimiento social para la labor de la mujer, cuya forma de ver la vida y comprender la realidad es un valor incuestionable que habrá de reflejarse en unas condiciones laborales específicas y, por lo tanto, no idénticas a las de los hombres; con una especial atención a la maternidad, que lejos de ser opresiva, es, en la mayoría de los casos, profundamente liberadora, enriquecedora y hace a la mujer un ser más pleno.
Es hora de reclamar nuestra peculiar «memoria histórica», exigiendo la devolución de nuestra integridad y dignidad femeninas, sin las que ninguna mujer puede alcanzar el equilibrio personal y la felicidad. Porque para la mujer, ser mujer lo es todo. Y lo demás, sólo es lo demás.
El secreto de un matrimonio feliz
Algunos de los consejos que da este cursillo para el matrimonio de Pixar:
- Perder el miedo al futuro
- La austeridad una buena aliada
- Reservar tiempo para hablar
- No nos arrepentiremos de ninguno de los hijos: son un regalo
- ¿Y cuándo lleguen los malos momentos?
- Pequeños proyectos para el futuro
- Las crisis permiten empezar de nuevo
- Acéptale como es...
- Sorprendernos con pequeños detalles
- El amor es entregarse
- Con Dios es más fácil
martes, 23 de marzo de 2010
La píldora del día siguiente nueva amenaza contra la vida
El pasado día 23 de marzo la Agencia del Medicamento, del Ministerio de Sanidad, aprobó la comercialización de la llamada "píldora del día siguiente" en las farmacias españolas.1. Se trata de un fármaco que no sirve para curar ninguna enfermedad, sino para acabar con la vida incipiente de un ser humano. Su empleo es un método abortivo en la intención y en el efecto posible. En la intención, porque con su utilización en las 24 ó 72 horas siguientes a las relaciones sexuales, se pretende que, si ha habido fecundación, el óvulo fecundado no llegue a anidar en el útero y muera, siendo expulsado del cuerpo de la madre. Lo que objetivamente se persigue es, pues, un aborto precoz, aunque tal aborto sólo se produzca efectivamente en el caso de que las relaciones sexuales hubieran sido fecundas1.
2. El embarazo comienza con la fecundación, no con la anidación. El óvulo fecundado ya es un ser humano, distinto de la madre, que empieza a vivir su propia vida en las fases previas a su anidación en el útero materno2. Es verdad que su viabilidad es entonces más baja que en las etapas posteriores de su existencia y muchos embriones incipientes se malogran de modo natural. Pero esto no autoriza a nadie a eliminarlos consciente y voluntariamente. Todos hemos pasado por esa situación de debilidad vital y agradecemos que nadie haya puesto fin en aquellos momentos al curso natural de nuestra vida, impidiéndonos llegar a ver la luz. Eso habría sido un crimen. La vida humana ha de ser respetada y protegida siempre; con mayor esmero, si cabe, cuando más débil es y más a merced está del cuidado ajeno.
3. La "píldora del día siguiente" es un fármaco a base de hormonas, que no es inocuo para la mujer. Su concentración hormonal es muy superior a la de los anticonceptivos. No trata de preparar a la mujer para evitar la concepción, sino de impedir el desarrollo de una posible concepción ya realizada. No es un anticonceptivo. Por eso, es necesaria una gran cantidad de hormonas administrada de golpe, en una o dos veces. De ahí que se puedan producir trastornos y problemas de salud en la mujer que lo utiliza, pues se trata de una especie de agresión hormonal a su organismo. Este posible daño se añade, como causa de inmoralidad, al aborto intentado o realizado, aunque, como es obvio, lo verdaderamente grave sea el atentado deliberado a la vida humana.
4. Permitiendo la venta de la "píldora del día siguiente", la autoridad pública abdica de nuevo de su gravísima responsabilidad de tutelar siempre la vida humana. Es incluso posible que con esta autorización el Gobierno entre en contradicción legal con la actual legislación despenalizadora del aborto, la cual, aun siendo moralmente rechazable, exige al menos, como requisito de la exención de pena para las acciones abortivas, la constatación previa de que se da alguno de los tres supuestos marcados por la ley. La Administración pone ahora en manos de los usuarios de la "píldora del día siguiente" un instrumento que permite la realización del aborto sin control alguno de los supuestos legales de despenalización.
5. Los médicos y los farmacéuticos amantes de la vida humana y coherentes con la conciencia ética no deberían prestarse a facilitar en modo alguno este instrumento de muerte que es la "píldora del día siguiente". Las autoridades tienen la obligación de proveer a que no se les impida el ejercicio de la objeción de conciencia en esta materia tan grave.
6. Exhortamos a todos, una vez más, a respetar y cuidar la vida humana. Nadie con conciencia recta querrá contribuir a la confusión entre el bien el mal, un signo tan triste de la llamada cultura de la muerte, que induce a matar haciendo creer erradamente que así se sirve a la vida. El problema de los embarazos no deseados y no deseables, por ser fruto de relaciones sexuales irresponsables, en particular entre los más jóvenes, no se puede tratar de resolver recurriendo, con mayor irresponsabilidad aún, al expediente criminal del aborto. Intentar enmascarar la realidad por motivos políticos, comerciales o de cualquier otra clase, acaba perjudicando a las personas y al bien común.
7. Pedimos a los agentes de la pastoral de la Iglesia y a los educadores, en especial a los padres y madres de familia, que ayuden a los adolescentes y a los jóvenes a comprender y vivir con verdad su propia sexualidad y las relaciones entre los sexos; muéstrenles cómo la castidad, lejos de recortar las posibilidades de la existencia humana, permite integrar en la libertad los instintos y las emociones capacitando para un amor auténtico. La libertad que la virtud posibilita es la que hace felices a las personas, pues respeta y ama la vida de todos.
Notas
1. Cf. Academia Pontificia para la Vida, Comunicado sobre la llamada "píldora del día después", 31 de octubre de 2000.
2. Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitae, n160.
Creación: Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española
Fuente: Conferencia Episcopal Española
Lengua original: Español
Copyright: No
Publicación: 27 de abril de 2001
Comprobado el 16 de mayo de 2002
1. Cf. Academia Pontificia para la Vida, Comunicado sobre la llamada "píldora del día después", 31 de octubre de 2000.
2. Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitae, n160.
Ideología de género, por Jutta Burggraf
EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO FEMINISTA1. Los movimientos en favor de los derechos de la mujer
2. El feminismo radical
LA TEORÍA POSTFEMINISTA DE GENDER
1. Rechazo de la naturaleza
2. Raíces ideológicas
HACIA UNA COMPRENSIÓN DE LA SEXUALIDAD HUMANA
1. Salir de sí mismo
2. Una decisión contraria a la naturaleza
UNA REFLEXIÓN CRÍTICA SOBRE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO
1. La necesidad de aceptar la propia corporeidad
2. La importancia de reconocer las diferencias sexuales
3. El desafío de decubrir los propios talentos
UNA RELACIÓN ADECUADA ENTRE SEX Y GENDER
1. Naturaleza "y" cultura
2. La importancia de la familia
NOTA FINAL
IDEOLOGÍA DE GÉNERO
Si damos una mirada a los últimos siglos de nuestra historia, comprobamos que el movimiento feminista ha cambiado profundamente nuestra convivencia, tanto en la familia como en la sociedad. Estos cambios parecían, al principio, justos y necesarios; más tarde, se los ha caracterizado -con creciente preocupación- como dañinos y exagerados; y, en la actualidad, son (y quieren ser) plenamente destructivos.
Se puede decir que hay tres grandes etapas, en las que se desarrolla el proceso de "liberación" de la mujer. Estas tres etapas muestran un cierto desarrollo cronológico de ideas y hechos, en Occidente. Sin embargo, no están estrictamente separadas en la realidad, sino que se encuentran intercaladas y mezcladas en muchos países. Vivimos en sociedades multiculturales, en las que se pueden observar simultáneamente los fenómenos más contradictorios.
Vamos a ver, muy brevemente, el desarrollo del movimiento feminista, sin detenernos en muchos detalles.
EL DESARROLLO DEL MOVIMIENTO FEMINISTA
Se puede descubrir inquietudes feministas en todos los siglos. Pero, el movimiento feminista propiamente dicho empezó, según muchos historiadores, hacia finales del siglo XVIII, en los tiempos de la Revolución Francesa.
1. Los movimientos en favor de los derechos de la mujer
Entonces, las mujeres reclamaron sus derechos a estudiar, a votar y a participar en la vida pública. Sus luchas tenían varios logros y muchas recaídas. Pero al final, hacia principios del siglo XX, las mujeres consiguieron lo que querían: fueron admitidas, de modo oficial, en la enseñanza superior y en las universidades, y alcanzaron la igualdad política -al menos según la ley- en todos los países del continente europeo. A continuación, se puede observar un cierto "período de calma".
2. El feminismo radical
A partir de la mitad del mismo siglo XX, una parte de las feministas ya no aspiraban simplemente a una equiparación de derechos jurídicos y sociales entre el varón y la mujer, sino a una igualdad funcional de los sexos. Comenzaron a exigir la eliminación del tradicional reparto de papeles entre varón y mujer, y a rechazar la maternidad, el matrimonio y la familia. Se basan fuertemente en Simone de Beauvoir (1908 - 1986; filósofa existencialista, compañera de Jean Paul Sartre); su obra "Le Deuxième Sexe" (El otro sexo, 1949) fue un éxito mundial. Beauvoir previene contra la "trampa de la maternidad", que sería utilizada en forma egoísta por los varones para privar a sus esposas de su independencia. En consecuencia, una mujer moderna debería liberarse de las "ataduras de su naturaleza" y de las funciones maternales. Se recomiendan, por ejemplo, relaciones lesbianas, la práctica del aborto y el traspaso de la educación de los hijos a la sociedad. Shulamith Firestone (una de las seguidoras de Beauvoir) dice claramente: "El embarazo es una atrocidad."
En las décadas siguientes, otras feministas descubrieron que el deseo de "ser como el varón" manifiesta un cierto complejo de inferioridad y lleva, además, con frecuencia, a tensiones y frustraciones. Ensalzaron, por tanto, el otro extremo: para llegar a la plena realización, la mujer no tiene que comportarse como el varón, sino que ha de ser completamente femenina, "plenamente mujer". En adelante, ya no se veía en la equiparación de la mujer con la naturaleza, con el cuerpo, con la emoción y la sensualidad un prejuicio masculino condenable. Al contrario, todo lo emocional, vital y sensual fue estimado como una esperanza para un futuro mejor. Se celebró la "nueva feminidad" y la "nueva maternidad" como funciones meramente biológicas. Y se sostuvo que las mujeres deberían liberar la tierra, y lo harán, porque viven en mayor armonía con la naturaleza.
Se puede ver en este fenómeno una reacción a los esfuerzos extraordinarios, que ha exigido una emancipación concebida únicamente como un amoldarse a valores considerados como masculinos. Después de que la racionalidad y el ansia de poder "masculinos" han llevado a la humanidad al borde del abismo ecológico y al peligro de una destrucción nuclear -así se dice-, ha llegado el tiempo de la mujer. La salvación sólo puede esperarse de lo ilógico y de lo emocional, de lo suave y lo tierno, tal y como lo personifica la mujer.
Es obvio, que estas tesis también impiden a la mujer el pleno desarrollo propio. Aparte de considerarla, otra vez, como carente de inteligencia, se la idealiza, incluso se la glorifica, como si fuera un animal sano y santo. Se trata de un desprecio grande que se refiere, por una parte, al varón y, por la otra, a la misma mujer "liberada", todo esto envuelto en un misticismo, que no ayuda a nadie en la vida cotidiana.
LA TEORÍA POSTFEMINISTA DE GENDER
Mientras perduran estas discusiones, hemos llegado a una situación completamente nueva. La actual meta ya no consiste únicamente en emanciparse del predominio masculino, ni tampoco se expresa solamente en liberarse de las funciones concretas femeninas y maternales: esto se ha querido conseguir -como hemos visto- a través de dos vías contrarias: reprimiéndolas o exagerándolas hasta llegar a pretensiones irreales.
1. Rechazo de la naturaleza
Hoy se intenta realizar un paso todavía mucho más radical: se pretende eliminar la misma naturaleza, cambiar el propio cuerpo, llamado cyborg: el neologismo se forma a partir de las palabras inglesas cyber(netics) organism (organismo cibernético), y se utiliza para designar un individuo medio orgánico y medio mecánico, generalmente con el afán de mejorar -a través de modernas tecnologías- las capacidades de su organismo. Es evidente que, de este modo, el "feminismo" (en sentido propio) está llegando a su fin, porque la liberación deseada comprende indiscriminadamente tanto a mujeres como a varones.
Mientras muchas mujeres pretenden nuevamente deshacerse -con más ímpetu que nunca- del matrimonio y de la maternidad, los medios de comunicación nos cuentan los sueños fantásticos de unos varones, que quieren disponerse a intervenciones quirúrgicas (implantarse un útero, etc.) para poder hacer la experiencia de dar a luz.
En consecuencia, algunos prefieren hablar de género (gender) en vez de sexo. No se trata sólo de un cambio de palabras. Detrás de esta modificación terminológica está la ideología posfeminista de gender que se divulga a partir de la década del sesenta del siglo pasado. Según esta ideología, la masculinidad y la feminidad no estarían determinadas fundamentalmente por la biología, sino más bien por la cultura. Mientras el término sexo hace referencia a la naturaleza e implica dos posibilidades (varón y mujer), el término género proviene del campo de la lingüística donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro. Por lo tanto, las diferencias entre el varón y la mujer no corresponderían a una naturaleza "dada", sino que serían meras construcciones culturales "hechas" según los roles y estereotipos que en cada sociedad se asignan a los sexos ("roles socialmente construidos").
Estas mismas ideas se encuentran resumidas en la llamada "Teoría Queer", que destacadas feministas norteamericanas -como Judith Butler , Jane Flax o Donna Hareway - difunden con éxito por todo el mundo. El nombre de la teoría proviene del adjetivo inglés queer (= raro, anómalo), que fue utilizado durante algún tiempo como eufemismo para nombrar a las personas homosexuales. La "Teoría Queer" rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales como "varón" o "mujer", "heterosexual" o "homosexual", y sostiene que todas las llamadas "identidades sociales" (no sexuales) sean igualmente anómalas.
Algunos apoyan la existencia de cuatro, cinco o seis géneros según diversas consideraciones: heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual, lesbiana, bisexual e indiferenciado. De este modo, la masculinidad y la feminidad -a nivel físico y psíquico- no aparecen en modo alguno como los únicos derivados naturales de la dicotomía sexual biológica. Cualquier actividad sexual resultaría justificable.
La "heterosexualidad", lejos de ser "obligatoria", no significaría más que uno de los casos posibles de práctica sexual. Ni siquiera tendría porqué ser preferido para la procreación. Y como la identidad genérica (el gender) podría adaptarse indefinidamente a nuevos y diferentes propósitos, correspondería a cada individuo elegir libremente el tipo de género al que le gustaría pertenecer, en las diversas situaciones y etapas de su vida.
Para llegar a una aceptación universal de estas ideas, los promotores del feminismo radical de género intentan conseguir un gradual cambio en la cultura, la llamada "de-construcción" de la sociedad, empezando con la familia y la educación de los hijos. Utilizan un lenguaje ambiguo que hace parecer razonables los nuevos presupuestos éticos. La meta consiste en "re-construir" un mundo nuevo y arbitrario que incluye, junto al masculino y al femenino, también otros géneros en el modo de configurar la vida humana y las relaciones interpersonales.
2. Raíces ideológicas
Tales pretensiones han encontrado un ambiente favorable en la antropología individualista del neoliberalismo radical. Se apoyan, por un lado, en diversas teorías marxistas y estructuralistas, y por el otro, en los postulados de algunos representantes de la "revolución sexual", como Wilhelm Reich (1897-1957) y Herbert Marcuse (1898-1979) que invitaban a experimentar todo tipo de situaciones sexuales. También Virginia Woolf (1882-1941), con su obra "Orlando" (1928), puede considerarse un precedente influyente: el protagonista de aquella novela es un joven caballero del siglo XVI, que vive, cambiando de sexo, múltiples aventuras amorosas durante varios cientos de años.
Más directamente aún, se ve el influjo de la ya mencionada francesa Simone de Beauvoir que -sin poder ser plenamente consciente del alcance de sus palabras- anunció ya en 1949 su conocido aforismo: "¡No naces mujer, te hacen mujer!," más tarde completado por la lógica conclusión: "¡No se nace varón, te hacen varón! Tampoco la condición de varón es una realidad dada desde un principio."
Como los protagonistas de la ideología de género sabían estimular convenientemente el morbo del gran público, no es sorprendente que los medios de comunicación pronto comenzaran a informar -con abundantes detalles- sobre los acontecimientos más curiosos. Así, por ejemplo, podíamos enterarnos de que Roberta Close, elegida como "la mujer más guapa de nuestro planeta" en los años ochenta del siglo pasado, ha nacido como Luis Roberto Gambino Moreira, en Brasil. Y prácticamente en todo el mundo se conoce el rostro transexual y sintético, que ha conseguido tener el popstar Michael Jackson a través de múltiples intervenciones quirúrgicas. ¡"My body is my art"! ("Mi cuerpo es mi arte"), es una de las tesis que utilizan los propagandistas de la ideología de género, considerando al cuerpo como lugar de libre experimentación.
Las consecuencias de estas teorías se pueden apreciar claramente en múltiples ámbitos de nuestra existencia, por ejemplo, en la política y en la medicina, en la psicología y, de modo especialmente destructivo, en la educación. ¿Qué pensar de esto? ¿Puede aceptarse que no exista ninguna naturaleza "dada", que todo sea expresión de nuestra libre voluntad, y que incluso la biología no sea más que cultura? Claro que no.
Para comprender lo que pasa, para comprender el daño tan profundo que se hace a la persona, conviene que profundicemos, en un primer paso, en el sentido de la sexualidad humana. Después, podemos criticar la teoría de género en concreto.
HACIA UNA COMPRENSIÓN DE LA SEXUALIDAD HUMANA
La sexualidad humana, en el fondo, es un gran misterio. Es un misterio, porque hace referencia a una voluntad inefable de Dios. Al crear al hombre como varón y mujer Dios quiso que el ser humano se expresase de dos modos distintos y complementarios, igualmente bellos y valiosos.
1. Salir de sí mismo
Ciertamente, Dios ama tanto a la mujer como al varón, y llama a ambos hacia la plenitud. Pero, ¿por qué les ha hecho diferentes? La procreación no puede ser la única razón, ya que ésa sería también posible de forma partenogenética o bien asexual, o por otras posibilidades como las que se pueden encontrar, en gran diversidad, en el reino animal. Estas formas alternativas son al menos imaginables y darían testimonio de una cierta autosuficiencia, tal como lo pretende la ideología de género.
La sexualidad humana, en cambio, significa una clara disposición hacia el otro. Manifiesta que la plenitud humana reside precisamente en la relación, en el ser-para-el-otro. Impulsa a salir de sí mismo, buscar al otro y alegrarse en su presencia. Es como el sello del Dios del Amor en la estructura misma de la naturaleza humana. Aunque cada persona es querida por Dios "por sí misma" y llamada a una plenitud individual, no puede alcanzarla sino en comunión con otros. Está hecha para dar y recibir amor. De esto nos habla la condición sexual que tiene un inmenso valor en sí misma. Ambos sexos están llamados por el mismo Dios a actuar y vivir conjuntamente. Esa es su vocación.
Se puede incluso afirmar que Dios no ha creado al hombre varón y mujer para que engendre nuevos seres humanos, sino que, justo al revés, el hombre tiene la capacidad de engendrar para perpetuar la imagen divina que él mismo refleja en su condición sexuada.
Tanto el varón como la mujer son capaces de cubrir una necesidad fundamental del otro. En su mutua relación uno hace al otro descubrirse y realizarse en su propia condición sexuada. Uno hace al otro consciente de ser llamado a la comunión y capaz para entregarse al otro, en mutua subordinación amorosa. Ambos, desde perspectivas distintas, llegan a la propia felicidad sirviendo a la felicidad del otro.
2. Una decisión contraria a la naturaleza
Sin embargo, la prensa internacional nos informa que, hace algún tiempo, se ha inventado un nuevo modelo de vida, que no radica en la recíproca complementariedad entre el varón y la mujer. No me refiere al llamado "matrimonio gay", sino a un ulterior desarrollo, que no contempla ninguna relación a otro, sea masculino o femenino. En los Países Bajos, ha surgido el llamado "matrimonio single", celebrado formalmente, por primera vez, hace cuatro años.
En mayo de 2003, Jennifer Hoes, una estudiante de 30 años, se ha casado consigo misma. ¡La mujer de su vida es ella misma! La ceremonia del enlace tuvo lugar en el antiguo municipio de Haarlem, y en presencia de toda la familia y un nutrido grupo de amigos. Ante un notario bien preparado, Jennifer juró amarse, respetarse y honrarse hasta el fin de su vida -en días buenos y malos-, mientras que algunas de sus sobrinas le lanzaban flores y la orquesta tocaba música de boda.
La novia explicó: "Vivimos en una sociedad egoísta. ¿A quién puedo jurar fidelidad sino a mí misma?" Podríamos preguntar a Jennifer (con un poco de malicia): y si encontraras algún día el hombre de tu vida, ¿tendrías que divorciarte?
En efecto, con el invento del "matrimonio single", el rechazo de la propia naturaleza ha alcanzado un límite difícilmente superable. Pero si no aceptamos lo que somos, es prácticamente imposible desarrollarnos cabalmente. El hombre está hecho para salir de sí mismo.
Se ha hablado de una "recíproca complementariedad" entre los sexos. Sin embargo, sabemos desde nuestras experiencias primarias que no se trata necesariamente de la relación entre un único varón y una única mujer. (La relación conyugal es sólo el ejemplo paradigmático que expresa muy claramente que el hombre está llamado a la comunión.)
La reciprocidad se expresa en múltiples situaciones diversas de la vida, en una pluralidad policroma de relaciones interpersonales, como las de la maternidad, la paternidad, la filiación y fraternidad, la colegialidad y amistad y tantas otras, que afectan contemporáneamente a cada persona. Algunos destacan, por tanto, que se trata de una "reciprocidad asimétrica".
UNA REFLEXIÓN CRÍTICA SOBRE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO
Con un mínimo de experiencia y de sentido común, es fácil detectar que la ideología de género no puede ser un camino hacia la autorrealización y la felicidad. En efecto, reactiva -sin decirlo y, quizás, incluso sin quererlo- la vieja equivocación del maniqueísmo, porque se muestra hostil al cuerpo al que no acepta y manipula profunda y arbitrariamente. Es evidente que no todo es naturaleza, ni todo es cultura. Pero si el hombre no acepta su corporeidad -con todo lo que implica-, entonces no se acepta a sí mismo y terminará en un desequilibrio emocional, psíquico y espiritual, como veremos a continuación.
1. La necesidad de aceptar la propia corporeidad
Hace algún tiempo, la prensa internacional recordó un terrible experimento médico de los años setenta, que ha fracasado completamente. En aquel entonces, el psiquíatra americano John Money pretendió demostrar la teoría de que el sexo depende más que nada de la forma en que una persona es educada. Sus "conejillos" fueron los gemelos Bruce y Brian Reimer. Como Bruce había tenido un accidente después de nacer, el doctor Money aprovechó la ocasión para transformar su cuerpo -a través de una cirugía plástica- en un cuerpo aparentemente femenino. A la vez dijo a los padres que debían criar al bebé como si fuera una nena y mantener todo el episodio en estricto secreto. Bruce pasó a ser Brenda; su hermano Brian sirvió de sujeto control.
Aunque los padres siguieron las instrucciones del médico al pie de la letra, las cosas no marchaban como estaba previsto: a Brenda no le gustaban las faldas, no era bien aceptada en la escuela, y pronto manifestó "tendencias lesbianas", a pesar de las hormonas que le obligaron tomar. Cuando tuvo trece años, su padre no vio más remedio que confesarle lo que había ocurrido. Entonces, Brenda decidió someterse a otro proceso quirúrgico y vivir como chico. Se llamó David en adelante; recordó las frecuentes sesiones terapéuticas con Money durante toda su vida como una tortura, que le habían provocado heridas profundas y siempre abiertas. En 2004, se suicidó.
Se trata de un ejemplo emblemático: la naturaleza reclama sus derechos. En cierto sentido, el hombre es verdaderamente su cuerpo. No se reduce a poseerlo o habitarlo. Existe en el mundo no solamente "a través de su cuerpo" (Merleau-Ponty), sino "siendo su cuerpo" (Congar). Por su constitución intrínseca, es su cuerpo y, a la vez, lo sobrepasa.
En la persona humana, el sexo y el género -el fundamento biológico y la expresión cultural-, ciertamente, no son idénticos, pero tampoco son completamente independientes. Para llegar a establecer una relación correcta entre ambos, conviene considerar previamente el proceso en el que se forma la identidad como varón o mujer. Los especialistas señalan tres aspectos de este proceso que, en el caso normal, se entrelazan armónicamente: el sexo biológico, el sexo psicológico y el sexo social.
El sexo biológico describe la corporeidad de una persona. Se suelen distinguir diversos factores. El "sexo genético" (o "cromosómico") -determinado por los cromosomas XX en la mujer, o XY en el varón- se establece en el momento de la fecundación y se traduce en el "sexo gonadal" que es responsable de la actividad hormonal. El "sexo gonadal", a su vez, influye sobre el "sexo somático" (o "fenotípico") que determina la estructura de los órganos reproductores internos y externos.
Conviene considerar el hecho de que estas bases biológicas intervienen profundamente en todo el organismo, de modo que, por ejemplo, cada célula de un cuerpo femenino es distinta a cada célula de un cuerpo masculino. La ciencia médica indica incluso diferencias estructurales y funcionales entre un cerebro masculino y otro femenino.
El sexo psicológico se refiere a las vivencias psíquicas de una persona como varón o como mujer. Consiste, en concreto, en la conciencia de pertenecer a un determinado sexo. Esta conciencia se forma, en un primer momento, alrededor de los 2 o 3 años y suele coincidir con el sexo biológico. Puede estar afectada hondamente por la educación y el ambiente en el que se mueve el niño.
El sexo sociológico (o civil) es el sexo asignado a una persona en el momento del nacimiento. Expresa cómo es percibida por las personas a su alrededor. Señala la actuación específica de un varón o de una mujer. En general, se le entiende como el resultado de procesos histórico-culturales. Se refiere a las funciones y roles (y los estereotipos) que en cada sociedad se asignan a los diversos grupos de personas.Estos tres aspectos no deben entenderse como aislados unos de otros. Por el contrario, se integran en un proceso más amplio que consiste en la formación de la propia identidad. Una persona adquiere progresivamente, durante la infancia y la adolescencia, la conciencia de ser "ella misma". Descubre su identidad y, dentro de ella, cada vez más hondamente, la dimensión sexual del propio ser. Adquiere gradualmente una identidad sexual (se da cuenta de los factores biopsíquicos del propio sexo, y de la diferencia respecto al otro sexo) y una identidad genérica (descubre los factores psícosociales y culturales del papel que las mujeres o varones desempeñan en la sociedad). En un correcto y armónico proceso de integración, ambas dimensiones se corresponden y complementan.
Una consideración especial merecen los estados intersexuales (los llamados intersexos) ya que algunos argumentan que la existencia de personas transexuales y hermafroditas demostraría que no hay solamente dos sexos. Pero los estados intersexuales significan anomalías con características clínicas variadas; suelen ocurrir en una etapa muy precoz del desarrollo embrionario. Se definen por la existencia de contradicción de uno o más de los criterios que definen el sexo.
Es decir, las personas transexuales disponen de una patología en alguno de los puntos de la cadena biológica que conduce a la diferenciación sexual. Sufren alteraciones en el desarrollo normal del sexo biológico y, en consecuencia, también del sexo psícosocial. En vez de utilizarlas como propaganda para conseguir la "deconstrucción" de las bases de la familia y de la sociedad, conviene mostrarles respeto y darles un tratamiento médico adecuado.
Hay que distinguir la identidad sexual (varón o mujer) de la orientación sexual (heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad). Se entiende como orientación sexual comúnmente la preferencia sexual que se establece en la adolescencia coincidiendo con la época en que se completa el desarrollo cerebral. Tiene una base biológica y es configurada, además, por otros factores como la educación, la cultura y las experiencias propias. Aunque los números varían según las diversas investigaciones, se puede decir que la inmensa mayoría de las personas humanas son heterosexuales.
Otra cosa todavía distinta es la conducta sexual. En el caso normal, designa el propio comportamiento elegido, puesto que hay un margen muy amplio de libertad en el modo en que tanto la mujer como el varón pueden conducir su sexualidad.
2. La importancia de reconocer las diferencias sexuales
Afirmar que los sexos se distinguen, no significa discriminación, sino todo lo contrario. Si exigimos la igualdad como condición previa para la justicia cometemos un grave error. La mujer no es un varón de calidad inferior, las diferencias no expresan minusvalía. Antes bien, debemos conseguir la equivalencia de lo diferente. La capacidad de reconocer diferencias es la regla que indica el grado de inteligencia y de cultura de un ser humano. Según un antiguo proverbio chino, "la sabiduría comienza perdonándole al prójimo el ser diferente." No es una armonía uniforme, sino una tensión sana entre los respectivos polos, la que hace interesante la vida y la enriquece.
Por supuesto, no existe el varón o la mujer por antonomasia, pero sí se diferencian en la distribución de ciertas facultades. Aunque no se pueda constatar ningún rasgo psicológico o espiritual atribuible a uno solo de los sexos, hay características que se presentan con una frecuencia especial y de manera pronunciada en los varones, y otras en las mujeres. Es una tarea sumamente difícil distinguir en este campo. Quizá nunca será posible decidir con exactitud científica lo que es "típicamente masculino" y aquello que es "típicamente femenino", pues la naturaleza y la cultura, los dos grandes moldeadores, están entrelazadas desde el principio muy estrechamente. Pero el hecho de que varón y mujer experimenten el mundo de forma diferente, solucionen tareas de manera distinta, sientan, planeen y reaccionen de un modo desigual, es algo que cualquiera puede percibir y reconocer, sin necesidad de ninguna ciencia.
3. El desafío de decubrir los propios talentos
El varón y la mujer no se distinguen por supuesto a nivel de sus cualidades intelectuales o morales, pero sí en un aspecto mucho más fundamental y ontológico: en la posibilidad de ser padre o madre. Es esta indiscutiblemente la última razón de la diferencia entre los sexos. Sin embargo, no podemos reducir la maternidad al terreno fisiológico. Numerosos pensadores, a lo largo de los tiempos, recuerdan la maternidad espiritual, concepto que tiene muy poca o ninguna relación con lo sumamente suave, lo sentimental y delicado que se ensalza en la literatura ecológica.
La auténtica maternidad espiritual puede indicar proximidad a las personas, realismo, intuición, sensibilidad frente a las necesidades psíquicas de los demás, y también mucha fuerza interior. Indica una cierta capacidad especial de la mujer para mostrar el amor de un modo concreto, un talento especial para reconocer y destacar al individuo dentro de la masa.
Conviene recordar que los valores femeninos son valores humanos. Tenemos que distinguir entre "mujer" y los valores que parecen ser más propios a ella, y "varón" y los valores que parecen ser más propios a él. Es decir, cada persona puede y debe desarrollar también los llamados talentos del sexo opuesto aunque, de ordinario, le puede costar un poco más. Por ejemplo, una mujer madura y realizada, no sólo es tierna y comprensiva; también es fuerte y valiente. Y un varón maduro no sólo es valiente, también es comprensivo y humilde, acogedor.
Por otro lado, donde hay un especial talento femenino debe haber también un correspondiente talento masculino. ¿Cuál es la fuerza específica del varón? Éste tiene por naturaleza una mayor distancia respecto a la vida concreta. Se encuentra siempre "fuera" del proceso de la gestación y del nacimiento, y sólo puede tener parte en ellos a través de su mujer. Precisamente esa mayor distancia le puede facilitar una acción más serena para proteger la vida, y asegurar su futuro. Puede conducirle a ser un verdadero padre, no sólo en la dimensión física, sino también en sentido espiritual; a ser un amigo imperturbable, seguro y de confianza. Pero puede llevarle también, por otro lado, a un cierto desinterés por las cosas concretas y cotidianas, lo que, desgraciadamente, se ha favorecido, en épocas pasadas, por una educación unilateral.
Aparte del sexo existen, sin duda, otros muchos factores responsables de la estructura de nuestra personalidad. Cada uno tiene su propia manera irrepetible de ser varón o mujer. En consecuencia, es una tarea importante descubrir la propia individualidad, con sus posibilidades y sus límites, sus puntos fuertes y débiles. Cada persona tiene una misión original en este mundo. Está llamada a hacer algo grande de su vida, y sólo lo conseguirá si cumple una tarea previa: vivir en paz con la propia naturaleza.
UNA RELACIÓN ADECUADA ENTRE SEX Y GENDER
Hay una profunda unidad entre las dimensiones corporales, psíquicas y espirituales en la persona humana, una interdependencia entre lo biológico y lo cultural. La actuación tiene una base en la naturaleza y no puede desvincularse completamente de ella.
1. Naturaleza "y" cultura
La cultura, a su vez, tiene que dar una respuesta adecuada a la naturaleza. No debe ser un obstáculo al progreso de un grupo de personas. En este sentido, el Papa Juan Pablo II ha exhortado a los varones a participar "en el gran proceso de liberación de la mujer". Es indudable que la incorporación de la mujer al mercado laboral es un avance que, ciertamente, crea nuevos retos para ambos sexos.
El término gender puede aceptarse como una expresión humana y por tanto libre que se basa en una identidad sexual biológica, masculina o femenina. Es adecuado para describir los aspectos culturales que rodean a la construcción de las funciones del varón y de la mujer en el contexto social. Sin embargo, no todas las funciones significan algo construido a voluntad; algunas tienen una mayor raigambre biológica. Por tanto -dice Juan Pablo II-, "puede también apreciarse que la presencia de una cierta diversidad de roles en modo alguno es mala para las mujeres, con tal de que esta diversidad no sea resultado de una imposición arbitraria, sino más bien expresión de lo que es específicamente masculino o femenino."
2. La importancia de la familia
Si es cierto que las mujeres no se muestran únicamente como esposas y madres, muchas sí son esposas y madres, o quieren serlo, y hay que crear las posibilidades para que puedan serlo con dignidad. La mujer con una actividad profesional externa no debe ser declarada el único ideal de la independencia femenina, a pesar de todo el respeto que merecen sus intenciones nobles.
La familia, ciertamente, no es una tarea exclusiva de la mujer. Pero aún cuando el varón muestre su responsabilidad y compagine adecuadamente sus tareas profesionales y familiares, no se puede negar que la mujer juega un papel sumamente importante en el hogar. La específica contribución que aporta allí, debe tenerse plenamente en cuenta en la legislación y debe ser también justamente remunerada, bajo el punto de vista económico y sociopolítico. La colaboración para elaborar esta legislación deberá considerarse mundialmente no sólo como derecho, sino también como deber de la mujer.
NOTA FINAL
El desarrollo de una sociedad depende del empleo de todos los recursos humanos. Por tanto, mujeres y varones deben participar en todas las esferas de la vida pública y privada. Los intentos que procuran conseguir esta meta justa a niveles de gobierno político, empresarial, cultural, social y familiar, pueden abordarse bajo el concepto de "perspectiva de género (gender mainstreaming)", si esta igualdad incluye el derecho a ser diferentes.
Jutta Burggraf