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jueves, 1 de julio de 2010

Conocí el Opus Dei en Ribeira, Galicia

Mª Jesús cuenta cómo conoció el Opus Dei en Galicia
Poco tiempo antes de la canonización de san Josemaría se organizó en Ribeira una exposición sobre el entonces beato que, a través de fotografías y audiovisuales, reflejaban diversos aspectos del espíritu del Opus Dei y de la personalidad de su fundador. En uno de los paneles, el retrato de Mons. Escrivá de Balaguer con la foto de la Basílica de San Pedro al fondo, me pareció que me “invitaba” a acudir a su canonización, así que decidí asistir a la ceremonia con mi marido en octubre de 2002. Entonces tenía yo un comercio y, en su trastienda, nos reuníamos algunas amigas y primas para recibir unas sesiones de formación sobre doctrina católica y sobre cuestiones de actualidad, ya que necesitábamos criterio.

Llegó diciembre y estaba un poco inquieta, me planteaba la posibilidad de que quizá Dios quería que yo fuese del Opus Dei; pero, al mismo tiempo, era algo hasta cierto punto desconocido y tenía miedo a equivocarme. Coincidió que en esos días me encontraba mal de salud y no podía atender la tienda. Recé al Niño Jesús del belén de mi casa para que me ayudase a ver y a hacer lo que fuera mejor. Y así fue, y el día de Reyes, pedí la Admisión en el Opus Dei. Y desde entonces estoy muy contenta.
"Hay épocas de muchísima actividad, que llega a ser agobiante; pero la formación que recibo en la Obra me ayuda a mantenerme serena"
Cuando dejé la tienda para empezar a regentar una casa de turismo rural, me encontré un trabajo totalmente diferente, pasé a hacer todas las tareas de la casa y aunque me ayuda otra persona, Isabel, hay épocas de muchísima actividad, que llega a ser agobiante; pero la formación que recibo en la Obra me ayuda a mantenerme serena: la oración, el trato con Dios, me ayuda a sacar adelante mi trabajo con alegría. La carga es la misma, pero gracias a la Misa diaria, le doy un sentido trascendente al trabajo.
Mi marido y yo nos propusimos este proyecto porque queríamos fortalecer la vida familiar. Teníamos ganas de arreglar la casa, pero también buscábamos el mejor modo de ser útiles, de servir. Lo puse en manos de Dios y todo ha ido transcurriendo providencialmente, poco a poco con sus contratiempos y sus ventajas. Por ejemplo, teníamos mucha ilusión por tener una capilla y, gracias a que los contratistas retrasaron una año las obras, la capilla acabó por salirnos casi gratis…
Con los clientes intento, ante todo, ofrecerles lo mejor, ser lo más agradable posible, poner buena cara y referirme a Dios con naturalidad, aprovechando las oportunidades que me brindan. Estoy pendiente de facilitarles lo que puedan necesitar, me intereso por sus cosas y, la verdad es que con frecuencia me lo agradecen…

En esta casa también se organizan cursos de formación y retiros espirituales para estudiantes, seminaristas, etc… Como negocio, estas actividades no suponen mucho porque les cobramos un precio ajustado para que no dejen de hacerlo por cuestión económica. Para mí es una gran satisfacción contribuir así a la formación cristiana de la gente joven. Lo que más me gusta, es que podemos participar en la Misa y pensar que durante esos días tengo al Señor en mi casa. Me parece algo extraordinario. Me encanta cuando oigo decir a los chicos "¡qué bien se reza aquí!".
"Su padre me comentó: me estoy fijando en que, a pesar de tanto trabajo como tienes, no pierdes la sonrisa: eres una persona creyente ¿verdad?: es que mi mujer querría hablar contigo…"
A los dos meses de abrir la casa, una agencia nos ofreció la oportunidad de que una productora rodara en ella una película de animación que estrenarán este año con actores famosos que nunca hubiera imaginado que llegaría yo a conocer. Durante esos días de rodaje, tuve la oportunidad de hablar con algunos familiares y acompañantes sobre sus inquietudes religiosas.
El año pasado vino una familia en Semana Santa, con dos hijos, el pequeño, que estaba sin bautizar, al ver la capilla puso cara de admiración y pidió bautizarse, ya que parece ser que ya tenía esa inquietud. Su padre me comentó: me estoy fijando en que, a pesar de tanto trabajo como tienes, no pierdes la sonrisa: eres una persona creyente ¿verdad?: es que mi mujer querría hablar contigo…
En los contratiempos o dificultades acudo a la intercesión de san Josemaría. Por ejemplo, en una ocasión tenía treinta comensales en el comedor. Cuando me disponía a preparar las fuentes me encontré con que no abría la puerta del armario donde las guardo. Tras varios intentos inútiles, mientras yo llamaba al carpintero, la mujer que trabaja conmigo se acercó a la capilla y le pidió a san Josemaría que nos echase una mano. El carpintero dijo que no podía venir hasta el día siguiente... volví a intentar abrir el armario y... se abrió.

También procuro ofrecer buenos libros, que tengo en el salón principal, para que la gente encuentre lecturas interesantes. Es un momento de parar un poco, de pensar…y algunos libros lo facilitan: Un seminarista en las SS; Roma dulce hogar; Dios existe, yo me lo encontré; biografías, de la madre Teresa de Calcuta y la de Alexia, por citar vidas ejemplares de nuestro tiempo. Por supuesto que tengo también novelas y poco a poco iré organizando mi biblioteca para que pueda contribuir al descanso y a la formación cultural y humana de los que vienen por aquí.
Aunque nuestro espacio se reduce prácticamente a la cocina, ahora tengo más vida familiar que cuando trabajaba en la tienda de la que salía muy tarde y nos veíamos muy poco… y ahora estoy siempre en casa.
Estoy segura que este año santo, el Apóstol Santiago nos ayudará a sacar adelante muchos planes que nos traemos entre manos…

Articulo sacado de www.opusdei.org

jueves, 29 de abril de 2010

Jesucristo en el Cine

Descubrí, mientras escribía los capítulos del libro, que los filmes sobre Jesús no fueron "uno más" para sus directores o para sus actores. Unos y otros se sintieron comprometidos en esos proyectos...
Alfonso Méndiz

Siempre me ha gustado el cine, desde pequeño. Recuerdo perfectamente que, cuando tenía ocho o diez años, un sábado al mes mi madre nos llevaba a todos los hermanos a una "sesión continua" donde disfrutábamos muchísimo; y, si la película nos gustaba, la veíamos por segunda vez.
Con el tiempo, me dediqué a la docencia en Comunicación Audiovisual. Primero estudié Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra, después hice el Doctorado en Comunicación Pública y finalmente realicé un post-grado de Producción Cinematográfica en la Universidad de California – Los Angeles (UCLA).
En mis primeros años di clases sobre Narrativa Audiovisual y Guión Cinematográfico. Más tarde gané una plaza en la Universidad de Málaga y compaginé esa docencia con asignaturas relativas a Publicidad. Antes y después publiqué varios artículos y un par de libros sobre el proceso de creación cinematográfica: trataba de explicar cómo se habían hecho las grandes películas, desde el guión literario al lanzamiento internacional.

En esa doble tarea –docente e investigadora–, tenía muy presente algo que san Josemaría repitió muchas veces: los cristianos tenemos que poner a Cristo en la cumbre de nuestra actividad profesional. Como miembro de la Obra, le había dado muchas vueltas a esa frase: entendía que eso debía impulsarme a preparar muy bien mis clases, a ofrecérselas a Dios y a convertirlas en ocasión de santidad personal y de apostolado con alumnos y compañeros. Ahí es donde debía buscar a Jesús: en lo más alto de mi vida profesional. Pero un día descubrí que "poner Cristo en la cumbre" podía significar también, para mí, escribir un libro sobre "Jesucristo en el cine". No era algo "exigido" por mi vocación, pero sí algo posible; y, en los momentos actuales, también algo muy conveniente.
Por una parte, resultaba claro que la figura de Cristo había interesado siempre en el cine. Se han hecho más de 150 películas sobre su vida, y muchas de ellas han pasado a la historia del Séptimo Arte; sin duda, es el personaje más veces llevado a la pantalla. Por otra, era evidente que, en los últimos años, había crecido en el mundo cinematográfico el interés por Jesucristo: junto a películas que han tratado de desfigurar su imagen, otras muchas han influido positivamente en las audiencias. Un conocido filme sobre la pasión, por ejemplo, rodado con mediano presupuesto y en dos lenguas muertas (latín y arameo), había llegado a ser un grandísimo éxito en taquilla y había hecho que volvieran a las salas de exhibición muchas personas que habían dejado de ir a los cines; por primera vez encontraban una historia que les decía algo: la propia historia de Jesucristo.
Así pues, me decidí a escribir el libro, y durante dos años me documenté y entrevisté a algunos cineastas y productores. Mientras iba redactando los capítulos, tenía en mente un consejo que frecuentemente daba San Josemaría (fundador del Opus Dei): "Para acercarse al Señor a través de las páginas del Evangelio, recomiendo siempre que os esforcéis por meteros de tal modo en la escena, que participéis como un personaje más" (Amigos de Dios, 222). Siempre me había resultado útil esta forma de hacer oración, pero ahora esta perspectiva me ayudaba a enfocar el acercamiento a la vida del Señor que cada película ofrece al espectador.

Por otra parte, el propio Fundador del Opus Dei recurría a la imagen del cine cuando hablaba de este modo de orar. "En los primeros años de mi labor sacerdotal, solía regalar ejemplares del Evangelio o libros donde se narraba la vida de Jesús. Porque hace falta que la conozcamos bien, que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ningún libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una película (…). Porque no se trata sólo de pensar en Jesús, de representarnos aquellas escenas. Hemos de meternos de lleno en ellas, ser actores" (Es Cristo que pasa, 107).
Esta forma de tratar a Dios no era enteramente nueva. De hecho, me alegró descubrir, con el paso del tiempo, que ese mismo consejo lo había plasmado ya Santa Teresa en el libro de su Vida: "Tenía este modo de oración: que, como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí" (capítulo 9, 4).
Esto me hizo ver que Jesús podía hablar a muchas personas a través de esas películas. Para muchos que no tienen tiempo u ocasión de leer los Evangelios, las escenas de la vida del Señor –muy especialmente, las que se refieren a la Pasión– podían hacerles descubrir el inmenso amor de Dios por todos los hombres y la deuda de gratitud que hemos contraído con la Encarnación.

También descubrí, mientras escribía los capítulos del libro, que los filmes sobre Jesús no fueron "uno más" para sus directores o para sus actores. Unos y otros se sintieron comprometidos en esos proyectos, porque en ellos les iba la vida, en ellos manifestaban sus creencias o su verdad más profunda. Jesús de Nazaret, El hombre que hacía milagros, La pasión de Cristo… Cada una de esas historias marcó muy profundamente a los directores que las hicieron; y, en lo que respecta a los actores, con frecuencia fue su interpretación más lograda, aquella por la que son actualmente recordados.
Cuando el libro salió a la calle, muchos me escribieron para decirme que en esas páginas habían descubierto un modo nuevo de aproximarse a los Evangelios. Aquello me alegró, pues comprobé, una vez más, que el Señor les hablaba también a través de las películas. En las presentaciones del libro que hubo en diversas ciudades, la experiencia que me transmitían los lectores iba en esa misma dirección.
Animado por eso, y también porque en los dos años de preparación había reunido más material del que cabía en el libro, me decidí a iniciar un blog sobre "Jesucristo en el cine", en el que mucha gente se ha animado a participar. Así, a propósito de un artículo sobre la Cruz, una persona comentó cómo veía reflejado en ese relato la dolorosa enfermedad de su mujer, o un seminarista escribía para decir que había hallado consuelo en esas palabras. Otro descubría la dimensión humana de Jesús, que además de ser Dios es hombre y espera nuestra amistad. Y otro, en fin, veía de modo nuevo la presencia de Jesús en nuestras vidas y, sobre todo, en su familia.
Sin haberlo previsto, esa página me ha abierto un magnífico cauce de comunicación con los lectores y una forma nueva de dar a conocer la vida de Cristo: precisamente a través del cine, de aquella afición que había comenzado en mí cuando era todavía un niño.
Al mirar toda esta historia con cierta perspectiva, me parece que este libro ha supuesto un antes y un después en mi tarea investigadora. De los doce volúmenes que llevo publicados, ninguno es tan personal y tan definitivo como éste. Como en la experiencia de los cineastas, es también una obra que me ha marcado profundamente: el libro –por encima de cualquier otro– por el que me gustaría ser recordado.

sábado, 27 de marzo de 2010

[Opus Dei] Me considero una persona afortunada

Oscar López de Foronda tiene 35 años y es profesor de Finanzas Corporativas en la Universidad de Burgos. A través de su actividad académica ha podido conocer a mucha gente y viajar por el mundo.
Tus estudios…
Estudié Administración de Empresas y me gustaban las clases y el ambiente universitario, por lo que decidí dedicarme a la enseñanza. Obtuve la plaza de profesor titular en la Universidad de Burgos el día 9 de enero de 2002, aniversario del centenario de San Josemaría, un pequeño regalo de Dios.

Todo sobre ruedas…
¡Qué va…! Eso no supuso que Dios me ahorrara ningún esfuerzo; de hecho, tardé mucho más tiempo del previsto en hacer mi tesis doctoral ¡Siete años! Pues me encontré con dificultades en mi investigación y fue un tiempo de intenso trabajo que me fue muy útil para mejorar.

Opus Dei    - Durante una clase en la Universidad
Durante una clase en la Universidad

Me gusta la vida académica, y además he podido conocer a mucha gente y viajar por el mundo, algo que me agrada. Por ejemplo, desde hace cinco años doy un curso en una Escuela de Finanzas en Angers (Francia). Allí he hecho buenos amigos y he ayudado a muchos en sus problemas.

¿Les hablas también de la Obra?
Por supuesto. En una ocasión, después de una clase me puse a mirar el email sin percatarme que estaba el cañón encendido y todos vieron un mensaje de la página web del Opus Dei de una información que buscaba. Yo no me di cuenta. A mi regreso a Burgos recibí un email de un estudiante contándome que dos sobrinas suyas habían muerto al poco de nacer: recurría a mí porque sabía que era del Opus Dei y quería que le aconsejara.

Decías que viajas mucho…
Bastante. Recuerdo un viaje a Sydney para trabajar con un colega, que me trató muy bien. Cuando le dije que era de la Obra se lo contó a su novia y al día siguiente me dijo que su novia había leído el libro Da Vinci Code y que le hacía ilusión conocer a alguien del Opus Dei. “¡Vaya –me dije– como si fuera un marciano, o un koala raro de esos o algo así!” Comí con ellos y hablamos de todo y creo que vio que soy una persona normal como todo el mundo. Me han dicho que les gustaría venir a España a verme.

¿Y en tu universidad?
Tanto en Burgos como cuando viajo fuera, sé que tengo que santificar el trabajo y eso cuesta bastante esfuerzo; pero también te facilita vivir momentos muy gratos. Organicé una cofradía universitaria para sacar un paso al que llamamos “El Cristo de los estudiantes”. Es un modo de difundir el espíritu cristiano entre profesores y estudiantes. Aunque he sido sólo un promotor, no he podido salir porque cada año en Semana Santa participo con estudiantes de la Universidad en el congreso UNIV que se celebra en Roma.

Háblame del Univ…
Este Congreso Universitario Internacional es muy interesante. Se debaten temas de fondo que tienen que ver con los valores de la cultura occidental. Mis estudiantes y yo presentamos comunicados muy trabajados. Además tenemos la posibilidad de asistir a una Audiencia con el Papa y de vivir la Semana Santa en Roma, lo que resulta muy emotivo. Muchos vienen removidos de estos viajes y recuperan la fe o mejoran la práctica de los sacramentos y el trato con Dios.

Hemos hecho comunicaciones relativas a iniciativas sociales que se han plasmado en ayudas concretas a un comedor de inmigrantes o al banco de alimentos. Además la universidad está contenta porque dos años conseguimos ganar el premio de la mejor comunicación del Foro Internacional.

¿También organizas otras actividades en la Universidad?
Varias. El año pasado, por ejemplo, organizamos un curso a favor de la cultura de la vida. Una semana antes teníamos 10 matriculados y disponíamos de un auditorio para más de 100 personas. Traíamos buenos ponentes de Bioética, de Derecho y representantes de Asociaciones en defensa de la maternidad que venían de toda España. Hicimos un gran esfuerzo de difusión los días previos. Al final se matricularon más de 130 estudiantes de todas las facultades.

Opus Dei    - Antes de la presentación de una ponencia del Univ en Valladolid
Antes de la presentación de una ponencia del Univ en Valladolid

Ha sido uno de los cursos más numeroso de los organizados de forma optativa dentro de la Universidad y los estudiantes aplaudieron muchas de las charlas en las que tuvieron ocasión de valorar la vida del embrión, la importancia de cuidar la maternidad y la necesidad de solucionar la indefensión de la mujer embarazada. Pero nos costó lo suyo y pasamos momentos de particular agobio.

O sea, que te lo pasas bien
Sí. Tengo buenas anécdotas que me han ido ocurriendo y que, en fin, son historias que te hacen ver los aspectos positivos de la vida y la gracia divina que hay detrás. Me considero una persona afortunada.

domingo, 21 de marzo de 2010

Una gran alegría

María Luisa Zoia es madre de tres hijos, dos de ellos miembros del Opus Dei. Como madre cristiana agradece a Dios ese regalo. En esta entrevista cuenta lo que ha significado para su familia el contacto con el Opus Dei.

¿Cómo conoció el Opus Dei?
A través de mi cuñada. Ella tenía una vecina –de esto hace muchos años, cuando las dos éramos todavía adolescentes–, que pidió la admisión en el Opus Dei como numeraria y estuvo en Roma. Pasaron los años y un día se la encontró. Mi cuñada ya estaba casada y tenía una hijita y un hijo. Su amiga le contó que había un club juvenil para las niñas, donde aprendían un poco de catecismo y otras actividades. Mi hija Mónica tenía casi la misma edad que Daniela, mi sobrina. Así empezaron a ir juntas al club Altea.

¿Y qué aprendió en esas clases de formación?
Opus Dei - María Luisa Zoia
María Luisa Zoia
Allí conocí a gente muy simpática a la cuales les tengo mucho cariño, algunas supernumerarias y numerarias.

Sentía que me ayudaba mucho en mi formación doctrinal, espiritual y a crecer como persona, me enseñó a luchar contra mis defectos y a tratar de mejorar, tanto en mi relación con Dios como en mi relación con los demás; a querer a todas las personas como son y tratar de comprenderlas, porque todos somos hijos de Dios; a darme cuenta de que sin Dios nada podemos, de que tengo fe y confianza en que Dios siempre nos pone en el camino lo que es mejor para cada uno.

¿Cómo fue plasmando ese espíritu en su familia?
Roberto y yo tenemos tres hijos. Cada uno es diferente y cada uno es muy especial para nosotros: el mayor Roberto, la segunda Mónica y la tercera Gabriela. El espíritu del Opus Dei se fue plasmando en mis hijos esforzándonos en educarlos bien, basados en una educación exigente y cristiana. Mi esposo y yo siempre nos hemos complementado muy bien, yo soy más impulsiva y él es más calmado.

¿Qué virtudes han buscado fomentar en sus hijos?
Hemos tratado de formarlos responsables y obedientes. Responsables en el estudio, en la lealtad con sus amigos, en las virtudes como la sinceridad, el orden, la honradez, etc. En el día a día les exigíamos en cosas pequeñas como tender su cama antes de irse al colegio, dejar las cosas en su lugar, estudiar antes que jugar y ver televisión, etc.

Opus Dei - María Luisa Zoia y su familia
María Luisa Zoia y su familia
También los acostumbramos a tener lo necesario sin derroches, siempre antes de ir a comprarles ropa, o útiles para el colegio, hacíamos una revisión y una lista de lo que les faltaba. También con los juguetes, no corríamos a comprar lo último que aparecía, sino que esperábamos a que llegara una ocasión que justificara ese regalo: su cumpleaños o tal vez Navidad.

Les enseñamos a cuidar lo que tenían, y a dar gracias a Dios por muchas cosas que otros niños más pobres no podían tener, así aprendieron a desprenderse de alguna cosa que les gustaba y que estaba todavía en buen estado.

¿Cómo organizaban su tiempo?
Animábamos a nuestros hijos a alcanzar metas de estudios, o deportes, aunque no hacíamos dramas si no los lograban, simplemente les motivábamos para que se esforzaran, siempre de acuerdo a sus intereses y aptitudes. Todos estudiaron algo de música, eso les ayudaba a llenar su tiempo libre. También hicieron natación. Mónica y Gaby jugaban en el equipo de softball del colegio. Guardo lindos recuerdos de cuando las mamás íbamos a hacerles barra en los campeonatos interescolares.
"Animábamos a nuestros hijos a alcanzar metas de estudios, o deportes, aunque no hacíamos dramas si no los lograban"

Tratábamos de organizar diversiones sanas y familiares, como campings en la playa con mis hermanos y mis sobrinos. Mi familia es muy unida y disfrutamos mucho de las reuniones familiares. También tenemos suerte de estar rodeados de muy buenos amigos.

Cuando llegaron a la adolescencia, poco a poco, les enseñamos a administrar su libertad con responsabilidad. No todo era perfecto, nuestros hijos también se peleaban, a veces nos sacaban de quicio, a veces hemos tenido que firmar algunas observaciones del colegio, pero todo dentro de la normalidad de una familia.

¿Otros miembros de su familia son del Opus Dei?
Sí, mi esposo es cooperador, y mi hijo mayor Roberto y mi hija Mónica son numerarios. Además mis hermanos y mi mamá conocen a gente de la Obra.

Nuestra hija Mónica está en Polonia hace 13 años. En 1996, el actualprelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, le planteó la posibilidad de ir a Polonia, país en el cual la labor estable del Opus Dei se había iniciado hacía pocos años, en 1990, después de la caída del muro de Berlín.

Opus Dei - María Luisa y su hija Mónica, que vive en Polonia
María Luisa y su hija Mónica, que vive en Polonia
En ese momento necesitaban una profesional en Administración de Servicios para llevar la gestión de las casas del Opus Dei en una forma más profesional. Cuando Mónica nos contó sobre ir a Polonia nos dijo: “lo recé, lo pensé, y dije que sí”.

Desde entonces hasta hoy su trabajo profesional es la administración de algunos centros del Opus Dei. Su trabajo abarca también el tema de instalaciones, es decir, mantenimiento o decoración de las casas. Por eso se conoce todos los mercados de pulgas de Varsovia. Trabaja mucho, se divierte mucho, y está feliz. Actualmente domina el polaco y es una más, está muy adaptada al clima, a la gente, etc.

Mi hijo mayor Roberto terminó la carrera de Ingeniería Mecánica Eléctrica en la Universidad de Piura. Actualmente vive en Lima y trabaja en el Consejo Académico de la Universidad de Piura. También es parte del directorio de la Escuela de Dirección PAD de la Universidad de Piura.

Él fue por primera vez a un centro del Opus Dei cuando ya asistía a la universidad. También a él como a mis hijas Mónica y Gabriela lo había animado para que asistiera y recibiera un poco de formación, pero nunca logré que fuera, hasta que un día lo invitaron y coincidió en que había terminado exámenes, y cómo son las cosas de Dios, en esa oportunidad aceptó. Tenía 18 años, y desde ese momento nunca dejó de asistir. Fue como una gracia especial, descubrió algo… Sólo él y Dios saben.

¿Qué ha significado para usted tener hijos del Opus Dei?
El tener a mis hijos numerarios es una gran alegría no sólo para mí, sino también para mi esposo. A través de los años los vemos felices, maduros, y sabemos que contamos con ellos siempre. Me parece importante decir que no han cambiado su manera de ser en nada, siguen siendo los mismos de siempre. Nos damos cuenta que realmente la vocación es una decisión divina, ya que nosotros no hemos hecho nada especial para merecer este regalo.

A veces extrañamos un poquito la posibilidad de poder tener más nietos, y tal vez un poco más de gente alrededor en nuestra vida diaria, pero las personas de la Obra siempre nos hacen sentir acompañados, como una verdadera familia, nos dan la oportunidad de colaborar con sus proyectos y apostolados, y eso nos da mucha satisfacción.

¿Cómo continúa el trato con sus hijos?
Siempre estamos pendientes de ellos y tratamos de que ellos también se mantengan en contacto. Cuando hablamos por teléfono con Mónica, que está en Polonia, inmediatamente le contamos las novedades. Entre ellos también se mantienen comunicados por e-mail.
"Estamos muy pendientes de las cosas de cada uno, de alentarlos, de apoyarlos siempre que podemos, y ayudarlos a resolver sus dificultades. Saben que cuentan con nosotros"

Estamos muy pendientes de las cosas de cada uno, de alentarlos, de apoyarlos siempre que podemos, de tratar que nos cuenten sus cosas y ayudarlos a resolver sus dificultades. Saben que cuentan con nosotros. Gabriela que es la última, va a cumplir seis años de casada y a nuestro yerno Carlos le hemos tomado mucho cariño. Tienen un hijo, mi nieto Luca, que es la alegría de mi esposo y mía y que acaba de cumplir 3 años.

Mi hija Gabriela es chef de profesión, especializada en pastelería. Empezó sus estudios en Lima y luego en Francia. Actualmente trabaja en un restaurante de Miraflores. Tiene un trabajo muy exigente en cuestión de horarios, tratamos cuando viene a nuestra casa de ocuparnos de nuestro nieto para que pueda descansar un poco.

Los tres son muy buenos hijos. Por eso tenemos muchos motivos para dar gracias a Dios por todo, también por estar en el Opus Dei.

lunes, 15 de marzo de 2010

Pon un informático en tu vida

Un ingeniero informático del Opus Dei

Cuca Docavo, estudiante de Ingeniería informática está realizando el proyecto de fin de carrera sobre una aplicación para facilitar la vida a los discapacitados. Vive en el Colegio Mayor Alsajara, de Granada.
Puedes ver el vídeo testimonio aquí.

jueves, 4 de marzo de 2010

Entrevista a una chica del Opus Dei

“Viviendo a tope el presente es como nos estamos asegurando el futuro”
De pequeña tenía los sueños muy claros. Soñaba y quería llegar a ser intérprete y trabajar en la ONU... Mariana Biskina, numeraria auxiliar bielorrusa, cuenta cómo cambió de planes al venir a vivir a Granada.
De pequeña tenía los sueños muy claros. Soñaba y quería llegar a ser intérprete y trabajar en la ONU. Con seis años fue admitida en un colegio especializado; era un Liceo con énfasis en los idiomas extranjeros y estuve allí hasta los 16 años. La verdad es que los idiomas era lo mío. Capaces de entregar su vida a Dios Me vine a España para completar mi formación y me licencié en la Universidad de Granada. Sin embargo, mi vida cambió de rumbo. No puedo decir que fue una decisión fácil, pero cuando la tomé pensé muchas cosas: que había bastante gente como yo, con sueños, ideales grandes, incluso mejor preparados que yo, con más cualidades y que podían alcanzar su sueño de trabajar en la ONU o cualquier organismo internacional, hacer cosas grandes, colaborar con proyectos importantes en la vida; y, sin embargo, pocos eran capaces de entregar su vida a Dios… Descubrí que las personas del Opus Dei que conocía en aquel momento, profesionalmente se dedicaban a las tareas del hogar, cuidaban de los Centros del Opus Dei. Y muchas veces su preparación profesional previa no se adecuaba para nada a lo que estaban haciendo en ese momento. Y sin embargo estaban contentas, felices, cuidaban de su familia.


Como el base en el baloncesto

Entonces comprendí una cosa muy importante para mi vida: que ellas eran como el base en el baloncesto: está allí y hace que los demás puedan meter canastas. Sin ellas, pienso que la vida de muchas personas no sería igual. A mí las tareas del hogar no me disgustaban, pero jamás pensé que pudieran constituir mi vocación profesional. Y en el Centro del Opus Dei aprendí que limpiar el polvo puede ser una tarea apasionante y que para hacer una tortilla hace falta tener mucho arte, y que incluso puede ser oración.



El miedo a la palabra “servir”

Hay mucha gente que está muy sola y que cuando vuelve a su casa no tiene a nadie que le espere, que le cuide, que esté allí para servirle. La gente tiene miedo a la palabra servir: la confunde con humillarse. Y sin embargo, “servir”, etimológicamente significa “hacer favores”. Y todo el mundo necesita que le hagan favores… Es verdad que no estoy trabajando en la ONU. Los idiomas me siguen gustando y me están siendo muy útiles. Estoy haciendo un trabajo que me encanta y que me ofrece un campo para el desarrollo profesional muy amplio. Estoy haciendo algo que realmente me apasiona. Intento que mis sueños se asemejen a los sueños de Dios, pero ahora, más que soñar me dedico a vivir: pienso que, viviendo a tope el presente es como nos estamos asegurando el futuro.

La vida de un panadero del Opus Dei en Galicia

Cuando Dios se mete en la vida de un panadero

Tengo una panadería en la que trabajamos cuatro hermanos y cuatro empleados, en una villa que es más famosa por sus gaiteros que por su pan, aunque yo no sé tocar la gaita. Vivo en Soutelo de Montes, Pontevedra. En el mapamundi Soutelo está entre las provincias de Ourense y Pontevedra. Y claro, entre el cocido de Lalín y el pulpo de O Carballiño, no puede faltar el pan.

Pero tú que estás leyendo esto, vas a pensar ¿Por qué rayos estoy yo en esta página? Pues muy fácil. Sigue mi relato.
Opus Dei -

Me llamo Javier Darriba. Soy agregado del Opus Dei y trabajo como panadero en Soutelo de Montes (Pontevedra). Pienso que el único que tiene derecho a meterse en la vida de cada uno es Dios, la Belleza, la Grandeza. Pues bien, Dios se metió en mi vida hace unos años. Yo había escuchado cosas sobre el Opus Dei pero nunca había hablado con alguno de sus miembros hasta que me fui al servicio militar y allí conocí a una persona que pertenecía a la Obra.

Entonces era yo un cristiano que cumplía más o menos. Iba a los entierros y a los funerales –como la mayoría de los gallegos–. También muy de cuando en cuando me confesaba. Y todo eso gracias a mis padres que eran muy buenos cristianos y formaron muy bien a sus hijos.

Opus Dei -
En el servicio militar comencé a ir más a la santa Misa, a confesarme... Me di cuenta que si tú le das uno a Dios, Él te da el ciento por uno. Así comencé a ver que Dios me pedía más y, por otro lado, a mí el oficio de panadero me gustaba mucho y estaba muy ilusionado. Este punto fue decisivo, ya que Dios me puso delante personas de la Obra que me hablaban de ser santo en mi trabajo profesional. Me explicaban que no hace falta salir del mundo, sino que uno se puede santificar haciendo lo que hace, pero haciéndolo por amor a Dios. Me animaban a trabajar mejor, a tener espíritu de servicio y todo a pesar de los defectos que pueda tener uno.

Todo esto no suponía cambiarme la vida. Una vez que solicité la admisión en la Obra seguí haciendo lo que hacía antes, pero mucho más contento y con mucha más ilusión.

Una manifestación de los efectos del espíritu de la Obra en mi vida profesional –buscando la santificación del trabajo-, es que ampliamos la variedad de productos del negocio. Comezamos a hacer empanadas, bollería, repostería... Además de formarme a través de cursos.
Opus Dei - Monumento os Gaiteiros de Soutelo (elcorty)
Monumento os Gaiteiros de Soutelo (elcorty)

Mis vecinos lo que más notaron al ser del Opus Dei es que voy a la santa Misa todos los días: es una señal externa de algo interior y no sujeto a un horario; pero lo que se ve es también importante. Esto a la gente le costó lo suyo entenderlo. Las viejecitas querían que ayudase a Misa, que les rezase el rosario y el Vía Crucis. Yo no lo admití porque quería que entendiesen cómo una persona corriente tiene la misma obligación de ser santo que un religioso o un sacerdote. A veces, la gente confunde, como me pasó hace años, aquella vez que fui a casa de un difunto del pueblo y al entrar su viuda dijo a los presentes: “Callad todos que Javier nos va a rezar un responso...”.

Ahora, con el pasar de los años y después de la canonización de San Josemaría Escrivá de Balaguer, la gente ya se da cuenta que no voy para cura ni para fraile –a los que tanto admiro y tanto quiero–. Me consideran uno más de los suyos.
Opus Dei -

En estos años fue creciendo mi devoción a San Josemaría. Y también trato de extenderla entre las personas que conozco. Recuerdo cómo un día llegó una pareja joven a mi despacho del pan. Estaban buscando un mecánico que les arreglase el coche que se paró allí delante de mi negocio. Terminé de despachar. Luego salí y fui hasta el vehículo. Yo no tengo ni idea de mecánica, pero me encomendé a San Josemaría y les pedí que abrieran el capó para ver el motor del coche. Así lo hicieron. Le eché una ojeada, mientras le pedía a San Josemaría que les arreglase el coche. Le mandé cerrar y que accionaran el contacto del coche. Así lo hizo el joven y el vehículo encendió como si no tuviese nada. La pareja preguntó: ¿qué le has hecho?, sorprendida de que sin hacer nada el coche arrancase. Yo repuse: -Ahora les traigo el mecánico. Fui a la tienda y cogí unas estampas para la devoción a San Josemaría. Se las entregué a la vez que les decía: -Este es el mecánico. Ellos marcharon felices y con el problema solucionado y yo me quedé pensando cómo ‘funciona’ acudir al Fundador del Opus Dei.

También trato de poner a mis amigos en contacto con la Obra. Y, a veces, las cosas ocurren más rápido de lo que se prevé. Marcelo es mi amigo y tiene dos hermanos en Brasil. Le gustaron los retiros y las actividades de formación cristiana a los que le llevé, porque es “conocer más a Dios, pero seguir con mi trabajo”, decía Marcelo. Cuando se incorporó a los medios de formación, al poco tiempo puso en contacto con la labor de la Obra a sus hermanos él mismo buscando en Internet las direcciones de centros de la Obra en Brasil. A los dos días, tras su gestión, ya estaban sus hermanos acudiendo a medios de formación cristiana en un Centro de la Obra al otro lado del Atlántico.

Videos Testimonio

Aquí puedes ver varios testimonios de personas del Opus Dei